PARADE’S END. Ford Madox Ford. Vintage. New York, 2012 (1924-1928). 906 pp.
Si en la poesía en lengua inglesa el movimiento modernista estuvo dominado, no por ingleses, sino por norteamericanos e irlandeses, en la narrativa contó con, por lo menos, dos grandes exponentes: Virginia Woolf y Ford. Este conjunto de cuatro novelas continuas, cuya primera parte se publicó apenas dos años después del Ulysses de Joyce, consiste casi completamente en trozos de “corriente de la conciencia”, en primera persona o en estilo libre indirecto. El gran logro técnico de Ford es mantener el interés constante del lector a lo largo de tantas páginas; por supuesto, esta técnica le permite ahondar el retrato íntimo, psicológico, de los muy distintos personajes pues, si bien el relato se centra en Christopher Tietjens, los demás se presentan en largas secciones que los redondean.

El hilo conductor de la trama es la profunda transformación de la sociedad inglesa, provocada por la Primera Guerra Mundial, lo que da a esta obra un lugar destacado en el amplio y notable corpus literario producido por ese traumático suceso. Curiosamente, las transformaciones son descritas alrededor del personaje que menos cambia, Tietjens: todo en su entorno se transforma de raíz, pero él se mantiene, contra viento y marea, en su integridad, esa integridad que lo señala como un absoluto outsider en su sociedad.
La novela comienza en 1912, cuando Tietjens es un joven funcionario del Departamento Imperial de Estadística. Es un genio de las matemáticas con nulas habilidades sociales que, para su desgracia, está casado con una bellísima, frívola, cruel e infiel socialité, Sylvia. Ella se ha casado con él a causa de un embarazo: el niño puede o no ser de Tietjens; el caso es que él lo adora, mientras que a Sylvia le es indiferente. Tietjens es hijo menor de un rico terrateniente de Yorkshire, pero pasa estrecheces; Sylvia es muy rica, pero manirrota. Al comienzo, ella se ha ido a Francia con un amante, dejándole el niño a su marido, que se lo encarga a una hermana. Él se va a vivir con su colega Macmaster, un escocés de clase baja, con pretensiones de crítico literario, ambicioso y pretencioso, que odia a Slyvia (con razón).

La larga trama es compleja, desde luego, pero las cuatro novelas se van centrando en varios hitos. El primero después de la introducción se desarrolla en Lobschied, un balneario en Alemania, a donde Sylvia llega para estar con su madre y con el guía espiritual de ambas, el Padre Consett. Sus conversaciones nos presentan el lado más horrible de la clase alta inglesa: frivolidad, insensibilidad y cinismo siniestro. Mientras, en Rye, Tietjens y Macmaster entran en relaciones con el matrimonio Duchemin, un esteta demente y su sufrida esposa, y con la sufragette Valentine Wannop, de 23 años, feminista rebelde, y su madre, una conocida novelista. Así se conforma el núcleo de protagonistas de las primeras novelas. Aquí, como en el resto del relato, Ford hace uso irónico de un lenguaje erudito, interrumpido por la ocasional vulgaridad.
Macmaster se hace amante de la Duchemin, mientras Tietjens y Valentine desarrollan una relación platónica de amor profundo. El contraste entre esta joven y su esposa es nítido: “Si querías que algo fuera aniquilado, recurrías a Slyvia con la seguridad de que ella lo mataría: emoción, esperanza, ideal; lo mataría con rapidez y decisión. Si querías que algo se mantuviera vivo, recurrías a Valentine: ella encontraría la manera de lograrlo”. Una travesía nocturna por el bosque pinta de manera intensa y conmovedora el amor verdadero de Tietjens y Valentine, en una de las mejores escenas de la obra.

Para 1916, Tietjens ha aceptado a Sylvia de regreso: esta acción lo retrata de cuerpo entero. Es un auténtico estoico, un hombre incapaz de desafiar al destino si ello implica violar sus principios y compromisos. No se rinde emocionalmente, pero no se traiciona. Él mismo se define como “un hombre del siglo XVIII” (de hecho, se hace experto en muebles antiguos) y es el único hombre decente de su entorno, encarnación de la ética del gentleman inglés. Por supuesto, es víctima de toda clase de calumnias, que provocan la muerte de su padre y el rechazo de su hermano mayor, así como una sucia maniobra de su banco, que provee otra escena crucial: Sylvia, en un momento de lucidez, se da cuenta de quién es en realidad su esposo, y lo defiende. A partir de aquí, se irá enamorando de él, pero demasiado tarde, y esa amargura de saberlo la hará aun más cruel.
Tras superar el shell shock de su primera incursión en la guerra, Tietjens regresa a Francia. La segunda novela detalla su vida en el frente y la traumática visita de Sylvia, en largas escenas que describen con detalle la vida militar, el absurdo de la guerra, la burocracia surrealista y la pésima conducta de los líderes. Por sí sola, esta novela es una de las mejores sobre la guerra. Dos acontecimientos traumáticos, uno durante un bombardeo en el hotel donde se celebra una boda, y luego una de las últimas batallas de la guerra, marcan a Tietjens de por vida. Ambas escenas son inolvidables.

La tercera novela se enfoca totalmente en Valentine, en su monólogo interior, que termina de volverla entrañable. No ha sabido nada de Tietjens: se siente abandonada y traicionada. Se gana la vida como profesora de gimnasia en una escuela para niñas pobres. De pronto, la Duchemin la llama y la envía a casa de Tietjens. Por lo que le dice la arpía, espera encontrarse a un hombre enloquecido y sucio, por lo que va aterrorizada. Pero se encontrará con una gran sorpresa. La guerra “por fin lo ha hecho hombre”: el feudalismo y las estúpidas convenciones sociales han terminado. La sociedad, las relaciones humanas, no pueden ser las mismas después de la hecatombe.

La última novela se desarrolla en Groby, la mansión de los Tietjens en Yorkshire. Mark, el reconciliado hermano mayor, es el foco del relato. Está cuadripléjico, tirado en un camastro en el jardín, cuidado por su esposa francesa (un gran personaje, hilarante y maravilloso). Sylvia está por allí, al igual que el hijo de ambos; merodean los ricos norteamericanos; Tietjens está de viaje: vamos a presenciar su obra. En efecto, todo ha cambiado. Sylvia lo sabe y, con una profunda tristeza, por fin intenta redimirse. Una obra admirable, joya del modernismo inglés.


3 respuestas
He leído a Wolf pero no a Ford. Tras la lectura de esta reseña crítica me siento más que tentado a leer las cuatro novelas. ¿Conoces una buena edición en español?
Ya se me antojó. Nunca lo había ni escuchado. Pero la época me gusta. Da para mucho. Gracias!
Interesantes novelas como interesante el trasfondo de vivir en esa época del Imperio y su transformación con la Primera Guerra Mundial. Gracias Memo.