HISTORIAS I-IV. Polibio. Gredos. Biblioteca Básica #42. Barcelona, 2000 (c. 140-130 a. C.) Introducción general de Gonzalo Cruz Andreotti. Traducción y notas de Manuel Balasch Recort. 468 pp.
Esta obra es muy importante por varias razones. En primer lugar, por la calidad de la investigación: Polibio, un griego romanizado, originario de la aristocracia de Arcadia (centro del Peloponeso), tuvo acceso a importantes archivos romanos, gracias a su cercanía con los Escipiones; él mismo tomó parte activa en los acontecimientos más recientes que analiza; viajó a los principales teatros de la historia y entrevistó a veteranos políticos y militares. En segundo, por lo comprehensivo de su perspectiva y su intención política: mostrar las causas que llevaron a Roma, de ser una pequeña aldea, a convertirse en la única potencia del Mediterráneo y más allá, además de convencer a los griegos de que aprender del sistema romano e integrarse al mismo sería más benéfico que permanecer fragmentados en pequeños estados en perpetuo estado de guerra. Tercero, porque es el primer texto que reflexiona con profundidad sobre el arte y la ciencia de la historiografía, por lo que se convirtió en la base de la teoría de la historia que va surgiendo en el Renacimiento.

Su propósito central es describir los 52 años durante los cuales Roma alcanzó el estatus de potencia única en su mundo (220-168 a.C.), pero regresa al punto de partida que significó la Primera Guerra Púnica (264-241), y luego avanza hasta 146, cuando Roma destruye Cartago y Corinto y se consolida. Estos primeros cuatro libros cubren precisamente los antecedentes, 264-216. Otro punto que hace importante a su obra es que cubre un periodo del que, excepto por ella, se carece de datos fidedignos y abundantes. Siguiendo a Tucídides, consolida la revolución metodológica: es una historia rigurosa, analítica y polémica. Polibio señala la inutilidad de las “constituciones ideales”, como La República de Platón; quiere entender su realidad y hacer prospectiva. Con Aristóteles y los estoicos, enfatiza el papel de la fortuna y el accidente (contra los deterministas), así como los aspectos psicológicos y morales.
La Primera Guerra Púnica (264-241) comenzó de manera fortuita en Sicilia y fue la primera aventura romana fuera de Italia. Por primera vez también, Roma se vio obligada a contar con una flota naval de guerra. En alianza con Hierón de Siracusa, Roma echó a los cartagineses de Sicilia, Cerdeña y Córcega, en una guerra larguísima, con muchos cambios en el dominio de uno y otro combatiente. Es muy crítico de Roma y señala lo mucho que les costó aprender a pelear en el mar: “En general, los romanos utilizan la violencia para todo, creídos de que sus propósitos deben forzosamente llevarse a cabo”. Pero en el mar fracasan, porque no controlan los elementos. De todas formas, aprendieron rápidamente, y para 241 Cartago estaba derrotada. Todavía, como consecuencia de ello, sufriría la Guerra de los Mercenarios, 241-238 (novelada por Flaubert en Salammbô).

En 237, Amílcar Barca pasa a la hoy España con su hijo Aníbal, de nueve años, y consolida su poder ahí hasta su muerte en 229, cuando su hermano Asdrúbal lo sucede. En ese mismo año, los romanos entran a Iliria y luego liberan al Epiro y Etolia del dominio ilírico. Mientras expulsan a los galos del valle del Po, Aníbal toma el mando en España en 221.
Polibio se enfoca entonces en la historia de Grecia en esos años. Por primera vez, el Peloponeso está unido, pacífico y libre, gracias al liderazgo de los aqueos, paradójicamente el pueblo menos rico y poderoso, pero modelo de igualdad y libertad. Pero entonces, Cleómenes de Esparta comienza una guerra y la Liga Aquea se ve obligada a pedir ayuda a Antígono de Macedonia. En 221-220 mueren tres reyes importantes: Antígono, Seleuco de Siria y Ptolomeo III de Egipto. Este recambio generacional desemboca en las tres guerras que ahora describe Polibio: la II Guerra Púnica, la guerra sirio-egipcia y la Guerra Social en Grecia. Estas tres forman el núcleo de su obra. A partir de ellas, el antes fragmentado mundo mediterráneo y sus historias inconexas se fundirá: “El tema sobre el que intentamos tratar es un único hecho y un único espectáculo, es decir, cómo, cuándo y por qué todas las partes del mundo conocido han caído bajo la dominación romana”. Aquí ya, Polibio es actor, dirigente y espectador de primera mano.

La II Guerra Púnica comienza en 220-218, cuando Aníbal somete a los pueblos ibéricos y cruza el Ebro, en violación al tratado con los romanos. Su principal motivo es personal y psicológico: ansía vengar la derrota de su padre en la primera guerra. Mientras P. C. Escipión va a España y Tiberio Sempronio a África, Aníbal cruza los Alpes y, en una blitzkrieg, apoyado por los galos, va recorriendo Italia de norte a sur, hilvanando victorias aplastantes: el Tesino, el Trebia, el Trasimeno donde Flaminio perece en un desastre sin precedentes para Roma. Todavía faltaba lo peor: desoyendo al cauteloso y astuto general Quinto Fabio Máximo, que iba siguiendo y desgastando a Aníbal y al que los romanos tachaban de cobarde, su sucesor lanzó un ataque mal preparado y causó la peor derrota de los romanos: la funesta batalla de Cannas, el 2 de agosto de 216. Aquí termina, en cuanto a esta guerra, el volumen.

En Grecia se desarrolló la confusa Guerra Social, que enfrenta a los traidores etolios contra aqueos, epirotas y macedonios. Polibio ataca a los etolios así: “Una injusticia permanente acostumbra a ser más dispensada que una maldad irracional e inesperada”. Critica también la negligencia de los aliados. No es sino hasta que el muy joven Filipo V de Macedonia entra por sorpresa en el Peloponeso que se logra derrotar a los etolios.
Polibio finaliza el Libro IV con una digresión estratégica sobre Bizancio. Todavía le resta desarrollar las consecuencias de estos acontecimientos, en los libros siguientes.


Un comentario
La historia, siempre interesante que desnuda mitos y aclara interrogantes.