DIARY (1660). Samuel Pepys. eBook Worms, 2011 (1825). Edición de Steven Algieri. Notas de Lord Braybrooke. s/p.
Como muchas obras de este tipo, el Diario de Pepys (“peeps”) tiene una historia editorial complicada. Durante 156 años estuvo guardada en la Biblioteca Pepysiana en un manuscrito taquigráfico, hasta que, en 1825, el Reverendo John Smith comenzó a publicarlo, censuradas las partes más escabrosas (ahora restituidas). Pepys lo llevó concienzudamente de 1660 a 1669, cuando su vista comenzó a deteriorarse. Es decir, de sus 26 a sus 37 años. Aunque con parientes encumbrados, fue hijo de un sastre de Londres, y poco a poco fue escalando los rangos de la Marina Armada (sin haber sido jamás marinero), hasta que se retiró como principal funcionario, próspero y celebrado. A los 22 años se casó con una chica de 14, Elizabeth St. Michael. Su obra es muy importante por ser un documento invaluable sobre la vida pública y privada en el siglo XVII. Durante esos diez años ocurrieron la Restauración de los Estuardos, la guerra con Holanda, la peste de 1665 (también narrada por Defoe), el incendio de Londres de 1666, entre otros acontecimientos.

El 1 de enero de 1660, Pepys comenzó su diario. Vivía con Elizabeth en Westminster, entonces separada de Londres. Trabajaba en una extraña oficina donde se pagaba a los soldados. Se llevaba mal con Downing, su jefe, pero era protegido del muy poderoso Sir Edward Montagu. Pepys iba poco a la oficina; la mayor parte del tiempo, desde ese crudo invierno, lo pasa yendo y viniendo entre Westminster y Londres, a pie, en carruaje o barcaza, dependiendo de la prisa, el dinero y el clima.
El Diario es extenuante sólo en cuanto al asombro que causa el constante movimiento del joven: recados personales y de trabajo, visitas a sus padres, suegros, y una infinidad de amigos y conocidos (destacadamente las dos problemáticas hijas de Montagu, para quienes es ayudante, amigo, mensajero y consejero). Constantes partidas de juegos de cartas, chismes privados y políticos y, sobre todo, tabernas. Tal parece que todos los ingleses de la época eran alcohólicos, puesto que Pepys describe decenas de pubs, en los que se resolvía toda clase de asuntos, tarro tras tarro, copa tras copa. Otra actividad predilecta es hacer música, solo o acompañado: Pepys tocaba bien el laúd, la viola y la flauta. Es una vida alegre, que va en ascenso. Una curiosidad es que, un año antes, había sido operado de piedras en el riñón, padecimiento familiar, y que el resto de sus días celebró el aniversario de la exitosa cirugía.

Ese año transcurre en una fuerte crisis política: el Protector Richard Cromwell (hijo de Oliver) es destituido por su propio ejército, por incompetente, y ahora hay un vacío de poder. No hay más que el desprestigiado Rump Parliament (algo así como “el culo del Parlamento”), es decir, lo que quedó tras la purga de 1648. Hay, además, problemas con una nueva secta, los cuáqueros, radicales y marginales. Ante el vacío, el general Monk baja desde Escocia con sus sodados; en lugar de sustituir a Cromwell, reinstala al Parlamento completo y llama a elecciones. Aunque muchos no quieren, parece ser que lo más práctico es ir a Holanda por Carlos II e instalarlo en el trono, con ciertas condiciones. Montagu es elegido jefe de la flota que irá por él, e invita a Pepys como su secretario. A partir de ahí y hasta su muerte, estará involucrado directamente en tareas gubernamentales importantes.

De la noche a la mañana, Pepys pasa, de ser un empleado de medio pelo, a recibir el respeto y la adulación de todos; un dispensador de favores bien pagados (lo que no era mal visto), con un sueldo alto y estatus privilegiado para su edad y clase social. El 23 de abril está en el Támesis, el 1 de mayo el Parlamento aprueba la Restauración, y el 14 Pepys desembarca en La Haya para ir a besar la mano del Príncipe de Orange (futuro Guillermo III), de diez años.
El relato de la travesía es una delicia: la rutina en la flota, con constantes visitas y anuncios, el espectáculo de la fiesta en el pueblo de Kent donde esperan, y las peripecias en sus andanzas como turista (y encargado del joven hijo de Montagu) entre La Haya, Delft y otras ciudades y aldeas. Carlos II los recibe: está pobremente vestido, sin dinero, pero acepta la corona y emite un primer decreto de amnistía (con excepción de quienes votaron por la decapitación de su padre, Carlos I). Durante el regreso, Carlos les cuenta sobre su novelesco escape en 1651.

Para junio, Pepys está en su nuevo departamento en Seething Lane (junto a la Torre de Londres), y es nombrado Clerk of the Acts en la Marina. El resto de ese año, Pepys trabaja día y noche, bebe mucho, hace negocios y va subiendo la escala social entre numerosas peripecias. Primera entrega de una narración que es una ventana íntima a ese siglo XVII.


Un comentario
Gracias por esta ventana al S. XVII inglés.