ZEN AND THE ART OF MOTORCYCLE MAINTENANCE. Robert M. Pirsig. HarperTorch. New York, 2006 (1974). 540 pp.
Publicada en pleno auge la contracultura, las filosofías orientales, la rebelión hippie, los alucinógenos y Vietnam, esta “indagación en los valores” se convirtió en un clásico instantáneo. Escrito como una mezcla de autobiografía, travelogue y reflexión filosófica, el libro es difícil de clasificar, provocador, triste y sereno a la vez. Pirsig fue un hombre con un IQ muy alto; estudiante de química, soldado en Corea, luego estudiante de filosofía, profesor y autor de manuales técnicos e instrucciones para aparatos. Recién casado y con dos hijos, sufrió un colapso nervioso; fue tratado con choques eléctricos al cerebro y tuvo un cambio de personalidad, al extremo de nombrar a su persona anterior como “Phaedrus” y referirse a él en tercera persona, como otro hombre que dejó atrás y al que, ahora, quiere comprender.

En 1968, en compañía de Chris, su pequeño hijo de once años, y una pareja de amigos, sale de Minneapolis hacia San Francisco en motocicleta. A lo largo del libro, el cuidado y mantenimiento del aparato funcionan como metáfora zen, como la actividad que demanda atención total y constante, que exige concentración minuciosa y alejamiento de otras preocupaciones. De eso depende que el viaje – la vida – pueda continuar.
Corriendo hacia las Dakotas, Pirsig explica la diferencia de la moto respecto a viajar en auto: en éste, el viaje es visto como en televisión, mientras que en aquélla uno está ahí, en contacto directo con el paisaje. Tres años antes, en un viaje similar a Canadá, la falta de atención provocó el fracaso. Primera lección: el error de saltar a conclusiones, la necesidad de examinar todas las posibles causas de una situación. Una mala experiencia con mecánicos negligentes le muestra uno de los fracasos del siglo XX: la separación entre lo que una persona es y lo que hace. Cada máquina tiene su propia personalidad; conocer ésta es el verdadero objetivo del mantenimiento. Quienes saben más de tecnología son los que menos dependen de ella: sufren menos frustraciones.

Mientras avanzan hacia el oeste y cruzan el río Missouri, Pirsig va reflexionando y describiéndonos el paso por la prístina naturaleza, de las Planicies Centrales a las Planicies Altas hacia Montana. La relación mente-naturaleza está siempre presente: los fantasmas existen aunque sólo estén en la mente, aunque carezcan de materia o energía. ¿Qué más son las leyes de la naturaleza, los átomos y números, sino fantasmas creados por los humanos? Hay diferentes visiones de la realidad: la científica y la aparente. Su amigo John, baterista, sólo se preocupa por lo que las cosas son; Pirsig por lo que significan. Hay una dicotomía en el entendimiento humano: la visión clásica (razón, leyes sustancias) y la romántica (apariencia inmediata, intuición, sentimientos). Viajar en moto es romántico; darle mantenimiento es clásico. Todo el libro busca reconciliar ambas visiones en un solo sistema holístico, integral.

Muy joven, Pirsig se perdió persiguiendo el fantasma de la racionalidad. ¿Qué es el método científico, cómo y para qué funciona? Lo intriga “la formación de hipótesis, la más misteriosa de todas las categorías del método científico”. A más investigación, más hipótesis, hasta el colapso mental: “la mayor productora del caos social, la indeterminación cognitiva y de los valores que el conocimiento racional se propone eliminar, no es otra que la propia ciencia”. Insatisfecho con las respuestas de la ciencia, se muda a la filosofía. En sus estudios tras el colapso, avanza de Hume a Kant (a los que expone con originalidad y agudeza) y luego pasa diez años en India, hasta que se desilusiona de la filosofía oriental y regresa para ser periodista, hombre de familia y escritor técnico. Nos relata sus experiencias con métodos alternativos de enseñanza cuando fue profesor en Montana.

En este estado, en Bozeman, y ya sólo con Chris, se quedan en casa de los De Weese, una pareja de pintores. Al visitar su antigua universidad, recuerda sus investigaciones sobre la idea de “Calidad”, el concepto central de su pensamiento, y cómo definirla, explicarla e incorporarla a la vida. Para empezar, “si no podemos distinguir entre lo bueno y lo malo (arte, productos, conocimiento), todos los valores desaparecen”. La Calidad trasciende lo objetivo/subjetivo; es donde se funden, es un suceso, no una característica. “Es el estímulo constante que nos permite crear el mundo en que vivimos”. Una expedición difícil y agotadora a las montañas resalta el otro hilo del libro, la relación entre padre e hijo. Conforme avanzan hacia el oeste, Pirsig sigue disparando reflexiones de la mayor relevancia, en una historia dolorosa, profunda y distinta que nos lleva de la moto a la naturaleza, de los presocráticos a la ciencia moderna.


4 respuestas
Qué interesante libro y qué buena reseña. Va planteando como en varios campos la descripción del viaje y la de las reflexiones, sentimientos y lo que se va viendo. Felicidades
Muy intersante.
La dicotomía siempre presente.
La búsqueda constante de la excelencia une la teoría y la práctica; el autor describe esos mundos y su peregrinar por ellos, y lo que pude entender en la reseña, los deja por escrito. Se antoja sun lectura.
Qué buena síntesis ilustra Pirsig en el tema de la.»calidad». Gracias Memo.