THE YACOUBIAN BUILDING. Alaa Al Aswany. Harper Collins, 2006 (2002). Traducción de Humphrey Davies. 272 pp.
Este libro es un mosaico compuesto por las vidas de los residentes del edifico epónimo, que todavía existe en el centro de El Cairo, en una calle que hoy se llama Suleiman Basha. Fue construido en 1934 por un millonario armenio como departamentos de lujo para la crema de la sociedad egipcia de la época, aún cosmopolita y occidentalizada. De hecho, la novela es además una crónica de la sociedad urbana y su transformación conforme el islam y la xenofobia se fueron apoderando de ella. En la azotea, uno de los teatros principales de los acontecimientos, se construyeron cincuenta cuartos para la servidumbre o como bodegas. En 1952, con el golpe de Nasser, la aristocracia se fue a los suburbios y los departamentos fueron ocupados por oficiales militares. En los 1970 la tendencia centrífuga se acentuó; llegó gente de clases más bajas y aparecieron oficinas y consultorios. En la azotea se conformó una comunidad de pobres, independiente de los otros habitantes de clase media.

La novela va entretejiendo las vidas y andanzas de un puñado de protagonistas. Comienza con el inquilino más antiguo, Zaki Bey, de 65 años. Zaki es un solterón muy popular, una leyenda del barrio. A pesar de su edad, cabello ralo teñido y dentadura postiza, Zaki es un simpático viejo rabo verde que se considera experto en sexo, aunque con frecuencia hace el ridículo con las mujeres de clase baja que lleva a su departamento-oficina, que alguna vez albergó a su despacho de ingeniería, ya cerrado. Es hijo de un ex primer ministro empobrecido por el régimen de Nasser y vive en otro edificio cercano, con su tiránica, ambiciosa y agresiva hermana Dawlat, que en el curso de la obra le hace la vida imposible. Zaki tiene un sirviente sin una pierna, Abaskharon, cristiano, y taimado a la vez que servil. Este hombre tiene un hermano sastre, Malak, un gordo desagradable, vicioso y cobarde que todo el tiempo incita a Abaskharon a ayudarlo en sus iniciativas corruptas. Una de las principales historias concierne a la manera en que ambos conspiran para apoderarse de uno de los cuartos de azota, primero, y del departamento de Zaki, después.

Otro personaje central es Taha, el hijo del portero, un muchacho decente y listo, buen estudiante, que ambiciona ser oficial de policía. Taha es novio de Busayna, una belleza voluptuosa, modesta y trabajadora, que poco a poco se va distanciando del apocado Taha conforme es asediada por pretendientes más ricos y ambiciosos. La historia de Busayna resalta la misoginia profunda de la sociedad egipcia, y la de Taha el clasismo insuperable que, de rechazo en rechazo, lo llevará al extremismo terrorista islámico.
Hasta los 1960, el centro era el eje de la vida comercial y social, europeizado. Pero en los 1970, con la estampida a los suburbios y el ascenso del fanatismo, el alcohol y la homosexualidad se fueron volviendo clandestinos. En los 1990, cuando se desarrolla la novela, en un semisótano del Yacoubian está Chez Nous, un bar gay donde es habitual otro de los residentes, Hatim Rasheed, un aristócrata hijo de francesa, conocido editor del diario Le Caire. La obra relata su vida previa: hijo de un abogado eminente y una traductora, seducido en la infancia por un sirviente. Ahora, Hatim tiene como amante a un policía que tiene mujer e hijos en provincia. Hatim lo colma de dinero y favores, e incluso le consigue un departamento en la azotea para que se traiga a su familia, y le pone un negocio. Pero Abduh, el policía, tiene remordimientos por prostituirse. Teme ser descubierto y siente escrúpulos religiosos. La historia de este romance turbulento es otro de los principales hilos de la trama.

Uno más es el que concierne a Hagg Azzam, nacido en la pobreza y ahora millonario, dueño del almacén de ropa de la planta baja. Este hombre turbio compra a una viuda pobre de provincia, que se embaraza a pesar de que él se lo prohíbe. Hagg quiere ser candidato y compra su candidatura a Kamal, prototipo del operador político absolutamente corrupto, vulgar y violento.

Estas vidas, desde luego, se intersecan y mezclan, en una crónica del cambio urbano, la corrupción política, la picaresca de ricos y pobres, la misoginia y la homofobia, pero sobre todo del ascenso irrefrenable de la violencia extremista, potenciada por un régimen podrido, represor e inmoral. Pero también hay lealtad, congruencia, bondad y solidaridad, como ejemplifican Zaki y Busayna, el libertino ingenuo y bondadoso y la chica que, asediada por la prostitución, la crueldad y la pobreza, lucha por mantener su integridad. Un novelista digno de la estafeta de Naguib Mahfouz, su Trilogía de El Cairo y sus otras obras.