La Edad Media y sus catedrales: Mont-Saint-Michel and Chartres, de Henry Adams.

Mont Saint Michel. Wikipedia.
Por medio del análisis y descripción de las catedrales normandas, Adams hace un retrato fascinante de la Edad Media francesa: su religiosidad, política, sociedad, cultura. Es un viaje especial, de la mano de un gran conocedor.

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MONT-SAINT-MICHEL AND CHARTRES. Henry Adams. Mentor. New York, 1961 (1913). Introducción de Ernest Samuels. 383 pp.

Hijo y nieto de presidentes de EUA, Adams fue un hombre rico y cultísimo que escribió algunos clásicos de la literatura norteamericana, entre ellos este ensayo en el que, por medio del estudio, minucioso pero lúdico, de la transición del románico al gótico en Francia, desarrolla un fascinante análisis de la religión, la economía, la literatura, la política y el arte de los siglos XI-XIII. El libro se imprimió en 1904, pero sólo para algunos amigos, y fue en 1913 cuando se hizo público.

Henry Adams (1838-1918).

El viaje comienza en Mont-Saint-Michel (MSM), trazado el monasterio en 1020 y construido entre 1058 y 1135. En ese transcurso ocurrió la transición, de la torre central románica, al coro gótico. La isla-monasterio refleja fielmente la cultura de los normandos que, bajo Guillermo el Conquistador, se apoderarían de Inglaterra en 1066. La iglesia normanda, de ahí la elección de su arcángel patrono, era guerrera y militante. El jefe de las huestes divinas preside sobre la Trinidad y la Virgen. El imperio normando, que se extendía desde Gran Bretaña hasta Sicilia, confió el monasterio a los benedictinos del Abate Hildebert. Adams describe la colorida peregrinación anual, el 16 de octubre, con las caravanas rodeadas de juglares-bardos como Guillaume de St. Paier, compositor del Romance de MSM, una historia rimada de los duques de Normandía, cien años después de la batalla de Hastings.

Torre románica, MSM: Wikimedia Commons.

Adams imagina una cena en el refectorio en la que, ante Guillermo, el poeta Taillefer declamaría la Chanson de Roland: “Ningún cantor moderno ha ejercido jamás tal poder como este, sobre hombres que eran actores, tanto como escuchas”. Las cualidades de la arquitectura se reflejan en el poema: ingenuo, simple, poderoso y bello. Ambas artes expresan la sociedad que las produjo. En la época de la Primera Cruzada, a pesar de sus disputas, Europa era una unidad: la Cristiandad. El autor describe con interesantes detalles la arquitectura del monasterio, así como a los tres hombres esenciales de la transición: el abate Suger (St. Denis), San Bernardo de Clairvaux y Pedro Abelardo. Luego recorre otras catedrales normandas, la “ruta gótica”, así como el paso, del culto masculino y guerrero, a la devoción por la Virgen María que marca el período.

Gothic choir of the church-abbey – Mont St Michel. Wikimedia Commons.

Así llega a Chartres, propiedad exclusiva de la Virgen y sus devotos, cuya torre-campanario sur es “la pieza de arquitectura más perfecta del mundo”. La vieja fachada fue construida entre 1091 y 1150: “la mitad del interés en la arquitectura consiste en la sinceridad con que refleja a la sociedad que la hace”. Chartres no transmite los terrores del Juicio Final y el infierno, sino la Gracia, el amor y la futura felicidad eterna, atributos de María. Roma no veía con buenos ojos esa Mariolatría que absorbía a la Trinidad, pero el pueblo se impuso, con su enorme inversión de trabajo y talento en una arquitectura que buscaba, ante todo, la luz y el color. Es decir, los obreros estaban guiados por la devoción, sin duda, pero también por la avidez de novedades y el gozo en la vida. Adams entra en una maravillosa descripción de los vitrales: materiales, técnicas, intenciones. Cuenta también las historias de los personajes retratados en portales y vitrales: las familias de los Luises VII y VIII, San Luis IX, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, los cruzados, Ricardo Corazón de León, los Montfort y los Courtenay. Los protagonistas de esos siglos.

Catedral de Chartres. www.travelhoppers.com

En otro capítulo aborda la situación de las mujeres: igualdad en los modales y cierta superioridad, pues mientras los hombres viajaban para cazar, comerciar o guerrear, ellas administraban los negocios familiares, el dinero y el gusto. El gran período de la arquitectura gótica se desarrolla bajo el mando de las tres grandes reinas, las ya mencionadas Leonor y Blanca, y la hija de aquélla, María de Champagne, en cuya “Corte del Amor” vivió y escribió el autor de los primeros romances artúricos, Chrétien de Troyes, así como Guillaume de Lorris, autor del Roman de la Rose (s. XIII), “el final de la poesía medieval”. Hay un apartado especial, adicional, sobre el culto a María, “la suprema entre las señoras feudales… ningún personaje, en toda la historia, ha tenido un desarrollo tan largo y variado”.

Rosetón de Chartres. www.stock.adobe.com

La teología, la filosofía y la política ocupan los últimos capítulos, con su desfile de personajes y discusiones. El panteísmo de Hildebert de Tours; la saga de Abelardo y Eloísa; los cistercienses de San Bernardo; la locura colectiva de las Cruzadas; el universalismo contra el nominalismo; las disputas teológico-políticas de la Iglesia. Los místicos: la poesía de amor y esperanza de Adam de St. Victor, y la paradoja de los muy poco místicos “místicos” franceses, que siempre recaían en la lógica y lo razonable, a diferencia de un verdadero místico como Francisco de Asís. Tomás de Aquino, Alberto Magno: Dios no es libre; el hombre lo es. “La Iglesia de Santo Tomás fue la más expresiva, y sus grandes catedrales góticas fueron su expresión más completa”. Un viaje inmersivo y gozoso en la Edad Media francesa.

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