PENAS PRECOCES. Danilo Kis. En Circo Familiar. Acantilado. Barcelona, 2007 (1970). Traducción de Nevenka Vasiljevic. 92 pp.
Este volumen, Circo Familiar, reúne tres novelas publicadas por separado, que tienen en común el tratar sobre la infancia y adolescencia de Kis en una Yugoslavia a punto de y luego conquistada por los nazis. Juntas se convierten en una novela de formación. Esta, primera en orden cronológico, y segunda en publicarse, se concentra en la primera infancia consciente del protagonista y se subtitula “Para niños y personas sensibles”. Recuerda mucho, por su carácter onírico, a La Calle de los Cocodrilos, de Bruno Schulz; ambas tienen ese sabor de la Europa oriental, aun con todas las diferencias entre Polonia y Yugoslavia.
Comienza en “la calle de los castaños de indias”, donde un adulto Andreas Sam, de regreso en su pueblo de Serbia, busca la calle Bemova, donde fue al colegio antes de la guerra. Pregunta, pero nadie sabe ni hay castaños. Es un conjunto de viñetas que van y vienen en el tiempo: sueños, escuela, pogromos (el padre de Kis era judío). Recuerda el cortejo que hace Fuks, el zapatero, a su hermana Ana, así como el circo que se va en otoño, dejando sus huellas en el gran prado.

Al comenzar la guerra, su padre es llevado a un campo de concentración, donde muere. Herbolario aficionado, Andreas recuerda sus expediciones al campo. Si ya eran pobres, la guerra y la pérdida del padre los sumen en la miseria, y deben huir como refugiados al condado de Zala, en el sureste de Hungría, donde los reciben unos parientes. Ahí, en el pueblo de Kerkabarabás, Andreas trabaja como cuidador de vacas y tiene un romance con una vecinita, Julia Szabo. La vida en el campo, en plena guerra, es cruel: hay hambre y sarna, pero la memoria la transfigura en una época vivida como en sueños, con pasajes de gran belleza lírica, como la búsqueda de setas para comer y los gatitos a los que ahoga la señora Knipper.

Andreas, mezclando recuerdos de Serbia y Hungría, describe el estado de trauma en el que regresan los sobrevivientes de los campos de concentración. Su madre, ahora viuda, se sostiene como virtuosa tejedora de suéteres de mohair (pelo de cabra), hasta que la competencia barata la obliga a regresar al trabajo de campesina. En “El niño y el perro”, Dingo, su perro, cuenta su propia historia, que demuestra lo invaluable que es la lealtad de estos animales, sobre todo en época de guerra. Es un relato bellísimo en el que niño y perro comparten su tristeza y nostalgia, Andreas por el padre, y Dingo por su madre y hermanas.

Tras la guerra, la familia se reubica con la familia materna, en Montenegro. Andreas debe despedirse de Dingo, que en realidad no es suyo, sino de su pariente, el señor Berki, a quien luego Andreas escribe una larga carta desde su nuevo hogar, preguntando por Dingo. Berki le responde, le cuenta la triste verdad, y lo anima a seguir adelante. Es un pasaje de una belleza tierna y trágica al mismo tiempo, así como los finales en que Andreas rememora distintos pasajes de la guerra y la “liberación” por los comunistas, centrado en el destino de gatos, perros y caballos, víctimas también de la crueldad, la violencia y el hambre.
La prosa de Kis, además de lírica, es de una sutil, nostálgica y amable ironía, que logra transmitir el azoro del niño ante la guerra, la migración y la pobreza, con pasajes que rompen el corazón de una manera, a la vez, suave y cruda.


Un comentario
De la inocencia en la guerra devastadora. Gracias Memo por la reseña.