Los orígenes del mito: The Trojan War, de Eric H. Cline.

Las ruinas de Troya. www.spain.memphistours.com
Durante milenios, la guerra de Troya ha estado en el imaginario popular y culto, no sólo de Occidente, sino del mundo. ¿Hubo un hecho histórico que inspiró los poemas más influyentes de la literatura? Eric H. Cline indaga en las fuentes y nos cuenta.

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THE TROJAN WAR. Eric H. Cline. Oxford U. P. New York, 2013. 153 pp.

Este libro es parte de la serie “A Very Short Introduction”, de OUP, parecidos a los breviarios del FCE. Sintetiza de manera muy interesante lo que se sabe, lo que no, y lo que se cree sobre esta supuesta guerra que dio origen a tantos mitos, poemas, dramas y relatos clásicos. Es un resumen del “estado del arte” sobre el tema. La pregunta central es: ¿hubo realmente una guerra que dio origen a la leyenda? Como es lógico, examina primero las fuentes griegas, es decir, el ciclo de doce poemas épicos (de los cuales sólo sobreviven completos La Ilíada y La Odisea), y que fueron recopilados por Proclo en el siglo II o V d.C. en su Chrestomateia Grammatiki.

Eric H. Cline (1960). www.thalia.de

Cronológicamente en términos del origen y desarrollo de la leyenda, viene el Juicio de Paris /Alejandro, el hijo de Príamo de Troya (citado con ambos nombres a veces en el mismo poema, lo que hace pensar en una fusión de fuentes). Como se sabe, Paris elige a Afrodita sobre Hera y Atenea. La ira de éstas provoca el secuestro o fuga de Helena a Troya y la misión de rescate de los héroes aqueos micénicos. Hay un primer ataque a la ciudad equivocada, luego el receso en Aulis y el sacrificio de Ifigenia, y luego el sitio de diez años a Troya, del cual La Ilíada sólo relata los últimos cincuenta días. Viene luego la muerte de Aquiles por Paris, el suicidio de Áyax y el famoso caballo, la destrucción de la ciudad y el regreso a Micenas, con Helena.

El Juicio de Paris, de Sandro Botticelli (1485). Wikipedia.

Esta es la leyenda, pero para entender su contexto histórico, Cline resume la historia del Mediterráneo oriental entre los años 1700-1200 a. C. Las potencias del período eran Micenas y los hititas, con Troya atrapada en medio. El período, la Edad de Bronce, llega a su abrupto final con las invasiones de los misteriosos Pueblos del Mar. Dado el contexto, es altamente probable que Troya, un punto estratégico, haya sido objeto de disputa y ataques. La leyenda se mantuvo sólo como eso durante muchos siglos, hasta que en los 1870 Schliemann se puso a buscar la ciudad. Ello desató una gran actividad arqueológica y filológica que dio frutos, como las tabletas de arcilla de Pylos y el Lineal B, la lengua descifrada en 1952. Los hititas fueron redescubiertos, así como la existencia de nueve ciudades, una sobre otra, en Hissarlik, con evidencia de diferentes grupos étnicos a lo largo de los siglos.

Tabletas de Pylos, con la escritura Lineal B. Wikipedia.

Cline vuelve a la “cuestión homérica”, así como a las fascinantes y poco difundidas fuentes hititas, para cruzarlas y dar un veredicto (necesariamente provisional). Los hititas describen los tratados y las guerras entre su rey Assuwa y un rey Alaksandu de Wilusa (¿Alexandros de Ilios-Ilión, el otro nombre de Troya?), en el siglo XIII a. C. Tras la derrota del troyano, éste se alió con Assuwa (¿Asia?) contra los Ahhiyawa, ahora identificados como los aqueos.

Recreación del Caballo de Troya. National Geographic.

Veredicto: todo hace pensar que, en efecto, hubo una base histórica de la leyenda, confirmada con los parámetros fundamentales. No un solo suceso, sino una serie de guerras. Si existió el sitio de Troya de los poemas, la ciudad de Troya VII a es la candidata más fuerte entre los estratos de ruinas. Armas y otros objetos mencionados en los poemas corresponden a lo encontrado en los yacimientos, si bien la mención del hierro puede reflejar las transformaciones sufridas durante los cinco siglos de transmisión oral, hasta su forma escrita en el siglo VIII a. C. Se sabe que los micénicos atacaron Anatolia occidental varias veces. Quizá hubo una Helena que detonó una guerra, como hubo un Franz Ferdinand en la Primera Guerra Mundial. El caballo puede ser metáfora de una máquina de asedio, o de un terremoto (caballo era símbolo de Poseidón, dios de los sismos). En resumen, una investigación sumamente atractiva sobre este hecho fundacional para la cultura occidental.

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