- The Greater Journey, de David McCullough (2011).
Trata sobre los norteamericanos que emigraron a París una o varias veces, por temporadas cortas o largas, siempre en busca de aumentar sus conocimientos y tener experiencias nuevas y enriquecedoras, a lo largo del siglo XIX, y que es un tema poco o nada estudiado. El hilo conductor es la fascinación que todas estas personas sintieron por la Ciudad Luz, por su belleza, originalidad y condición de centro de las ciencias y artes. Por estas páginas desfilan J. Fenimore Cooper, Samuel Morse, O. Wendell Holmes y otros destacados médicos, pintores, políticos, anti-esclavistas, escritores y mujeres valientes que enfrentaron las revoluciones de 1830, 1848, y la guerra franco-prusiana y la Comuna de París de 1870-71. Una delicia.

2. Ilusiones Perdidas (1836-1843) y Esplendores y Miserias de las Cortesanas (1838-1847), de Honoré de Balzac.
Esta larga novela doble describe el ascenso y caída de Lucien Chardon, luego Lucien de Rubempré, de joven poeta provinciano a gigoló, periodista, estrella asecendente de la escena literaria parisina, amante de damas nobles, disoluto y luego mártir de la ambición y la frivolidad. Es un fresco amplísimo de la sociedad de París, desde banqueros corruptos y depravados como el Barón de Nucingen, hasta actrices de moda como Coralie, la prostituta judía Esther, la familia Grandlieu, y desde luego el gran villano balzaciano: Vautrin, alias el abate Carlos Herrera, príncipe de los criminales de la urbe y sus exóticas guardaespaldas, Asia y Europa. Una épica maravillosa sobre los inicios de la prensa como industria y grupo de presión, los nuevos ricos de la era postnapoleónica, y los bajos fondos.

3. La Educación Sentimental (1869), de Gustave Flaubert.
Es la historia de una, o más bien de muchas desilusiones. Es cruel, fría y apasionada al mismo tiempo. El desarrollo de personajes, y la abundancia de los mismos, es impresionante. Como en los grandes maestros, aun los personajes poco importantes tienen personalidad propia. El más desconcertante es el protagonista Fréderic, una especie de testigo permanente y pasivo de su historia y de su mundo. Los artefactos, los ropajes y, en particular, un cofrecillo de plata, cobran una importancia simbólica pero absoluta. Flaubert retrata la corrupción, la frivolidad, la traición, el adulterio, la falsedad y la codicia de nobles, burgueses y proletarios por igual. Nadie se salva, ni siquiera el lector, en esta obra cuyo final es terrible y no, pero ciertamente conmovedor. El lector sale de esta obra maestra con el corazón estrujado y con más sabiduría sobre el mundo.

4. Los Miserables (1862), de Victor Hugo.
El arco vital de Jean Valjean, desde que es condenado a la cárcel por robar un pan, hasta su muerte muchos años después, sirve a Hugo para trazar otro de esos novelones decimonónicos que nos encantan, llenos de peripecias, personajes, denuncia social y una descripción a profundidad de París, pero no la ciudad de los turistas, sino las cloacas, los conventos, las revoluciones, la miseria, la industria y todo el panorama de una ciudad y un país en un siglo turbulento. El implacable inspector Javert, los avaros y cureles Thenardier, Fantine y Cossette, Mario y muchísimos otros personajes, desfilan por estas páginas inmortales.

5. The Old Wives’ Tale, (1908), de Arnold Bennett.
La historia de las hermanas Baines, hijas de los dueños del almacén de ropa y telas más importante del pueblo ficticio de Bursley, en el centro-oeste de Inglaterra. Mientras la dócil Sophia se queda en el pueblo, a cargo del almacén y con un matrimonio convencional, la reblde Constance huye con un galán vividor, se queda varada en París en la miseria, pasa días de terror durante el bombardeo prusiano y la Comuna, y luego pone una famosa casa de huéspedes. Algún día se reencontrará con su hermana. Una novela contrastante, sobre vidas paralelas.


2 respuestas
Magnífica crónica sobre un tema siempre apasionante. Muchaa gracias!
Hermosas crónicas , gracias por compartir !!!