LES FAUX-MONNAYEURS. André Gide. Gallimard (Folio). París, 1925. 378 pp.
La novela más célebre de Gide, y una de las más importantes del modernismo francés, tiene una trama engañosa, pues podría ser la de cualquier novela decimonónica, incluso en el lenguaje. La novedad consiste en la autoconciencia del texto, cuyo autor-narrador se detiene, duda sobre los acontecimientos y su interpretación, examina a los personajes y dialoga con el lector. En esto último se parece a escritores del siglo XIX como Anthony Trollope, pero el contexto cultural (p. ej. la narrativa post-psicoanálisis) es distintamente moderno y, sobre todo, la escala de valores que informa a la novela.

En efecto, como buena novela de los 1920, y de un país conmocionado por la guerra, retrata la lucha por la emancipación respecto de los valores sociales de preguerra. Tanto las mujeres, como los jóvenes en general, luchan por afirmar su individualidad y su derecho a disentir y rebelarse. Pero la novela es también la bildungsroman, o novela de formación, de los personajes, y no sólo los más jóvenes. La homosexualidad de algunos es casi explícita, así como otras libertades, pero su ejercicio, el de todas, conlleva la responsabilidad de las consecuencias. Es, pues, rara en cuanto defiende implícitamente la libertad, al tiempo que no deja de notar las conveniencias de algunas de las prácticas viejas.

La trama es divertidamente enredada y, aunque incluye pasajes conmovedores o hasta trágicos, no pierde una actitud lúdica de artefacto literario explícito. No está del todo claro el momento en que se desarrolla, aunque debe ser en las primeras décadas del siglo XX (la guerra no se menciona). Transcurre en París, con un interludio en Saas-Fée, un pueblo turístico de Suiza. Concierne a las relaciones entre un grupo amplio de gente. Comienza a todo vapor: el adolescente Bernard Profitendieu descubre una carta vieja, por la que se entera de que no es hijo de su padre, sino de una relación extramarital de su madre. Como odia al padre, un próspero fiscal, toma algo de dinero y se va de la casa. Para la primera noche, pide asilo a su amigo Olivier Molinier.
Este chico, de menor posición social, tiene un hermano mayor, Vincent, un médico que está en problemas por haber embarazado a una mujer casada, Laura. Busca ser responsable con mujer e hijo, pero tiene un amigo rico y pervertido, el conde de Passavant, que lo induce al juego, en el que pierde todo su dinero. Passavant tiene una amante inglesa y casada, Lady Griffith, una libertina que se encapricha con Vincent y que, curiosamente, terminará siendo la más sensata del trío.

Laura pide ayuda a un viejo enamorado, Edouard. Su marido está en Inglaterra y se avergüenza de volver a su lado, pero no tiene un centavo. Este Edouard es hermano de la madre de Olivier, y sostiene con éste una relación homoerótica no consumada. A partir de aquí, Edouard será el eje de la trama, que incluye amplios pasajes de su diario, el de un hombre extremadamente introspectivo y angustiado, pero con lucidez. Dice: “En el dominio de los sentimientos, lo real no se distingue de lo imaginario”. Está escribiendo una novela que se llama Les Faux-Monnayeurs. Cuando se le pregunta de qué se trata, responde que de nada.
Edouard visita a su viejo maestro, La Perousse, quien le encarga buscar a un nieto que no conoce, que vive en Polonia y al que quiere dejar su herencia. Boris, el nieto, está en Saas-Fée, a donde se traslada Edouard con Laura y con su secretario, el joven Bernard. La Perousse se va a vivir a la pensión-escuela de sus amigos los Vedel-Azaïs, estrictos protestantes que tienen entre sus alumnos a los Molinier, y que son los padres y abuelo de Laura. En Suiza, Bernard se enamora de Laura y se propone salvarla.

Al regreso, en París, Bernard se va a trabajar a la pensión. Ahí convergen todos los personajes, y otros nuevos, y el drama se va enredando con relaciones hechas y deshechas; sorpresas, revelaciones y confirmaciones; pleitos y reconciliaciones. Todo ello como ejemplo de lo que dice Edouard en su diario: “La manera en la que el mundo de las apariencias se nos impone, y en la que luego tratamos de imponer al mundo exterior nuestra interpretación particular, es el drama de nuestra vida”. El propio Gide, o su alter-ego, el narrador, se pregunta: “¿Qué hacer con toda esta gente? Yo no los busqué; fue al seguir a Olivier y Bernard que los encontré en el camino. Tanto peor para mí; a partir de ahora me debo a ellos”.


3 respuestas
Como siempre, un estupendo texto de un tema valioso. Habrá que leer el libro, después de tan provocadora invitación. Mil gracias por hacerla
Buscaré el libro, lo leeré y después opinaré.
Es una narrativa muy actual, solo que con tramas de aquellos años , bastante entretenida y agradable !!!!