OUTERBRIDGE REACH. Robert Stone. The Library of America. New York, 2020 (1992). 400 pp.
A diferencia de sus otras novelas, en las que se enfoca en personajes y ámbitos marginales (tráfico de heroína, veteranos de Vietnam, cultos esotéricos, intervención en Centroamérica), que revelan lados oscuros del sueño americano, en esta se concentra en una familia de clase media-alta típica, y en una afición de élite, los veleros deportivos y recreativos. Pero aun ahí, Stone expone el otro lado del sueño: el fracaso profesional, el alcoholismo, la infidelidad, el cine morboso, malos manejos financieros, en fin, la derrota moral.
Owen Browne es un hombre en sus cuarentas, casado felizmente con la muy atractiva Anne, quien bebe en exceso. Tiene una hija en crisis adolescente. Owen es un exoficial de la Marina y, sí, veterano de Vietnam. Ahora trabaja en una empresa de veleros, propiedad de un gran consorcio a cuya cabeza está Matty Hylan, un millonario misterioso que quiere participar en una carrera en solitario en velero, alrededor del mundo. Para hacer un documental de su viaje, contrata al controvertido cineasta Strickland. Éste se ha hecho famoso, primero, con un documental sobre una prostituta de lujo, Rachel, que además es su amante, y luego con una película sobre Nicaragua y su guerra civil. Strickland es un tartamudo drogadicto, inteligente y poco escrupuloso.

Tras introducir a los personajes, Stone entra en la trama. Atrapado en su crisis de la mediana edad, sin entusiasmo, sin sentido de dirección, Owen se siente solo y fracasado. Para colmo, hay un crash de la Bolsa y el consorcio para el que trabaja está en severos problemas. Abrumado, se va a Outerbridge Reach, New Jersey, el sitio propiedad de su suegro donde guarda su velero, y realiza un viaje nocturno solitario en la Sonda entre ese estado y Nueva York. Mientras tanto, Strickland viaja a Finlandia para filmar en el astillero donde se ha construido el velero de primer nivel que Matty Hylan llevará alrededor del mundo. Pero no tiene hotel, nadie lo espera, nadie sabe de su llegada: Matty ha desaparecido, y el constructor del barco teme que ha plagiado su diseño. Lo mismo ocurre en Nueva York: Hylan es buscado por las autoridades por fraude financiero. ¿Quién participará en la carrera en su lugar?
En su casa de Steadman’s Island, Connecticut (casa de descanso), Owen le informa a Anne que ha decidido aceptar. Ella se opone al principio, pero luego entiende: “Siempre lo había considerado un hombre muy subestimado. Había una parte de ella que, invariablemente, seguía siendo su admiradora secreta. Esa noche, había visto esperanza en su rostro, y eso era hermoso. Él no era el único que necesitaba creer en algo”.

Como contrapunto a la vida de esta pareja, sus relaciones, amistades, hija, trabajo y rutina, Stone nos presenta la vida de Strickland: su relación extraña con la adicta y volátil Rachel, sus tratos de negocios, sus relaciones con Harry Thorne, al durísimo hombre de confianza de Hylan (que va adquiriendo una importancia creciente en la trama y, al final, definitiva).
En la conferencia de prensa para lanzar la carrera, los protagonistas convergen. A partir de ahí, Strickland se convierte en una cuña en la pareja, cuya relación ha mejorado mucho con la perspectiva del viaje. Strickland los filma constantemente, para el documental, para incomodidad de Owen y Anne. Durante la ausencia de Owen, el cineasta seguirá como intruso, filmando la vida de Anne y Maggie, la hija, cuando ésta se encuentra de vacaciones con ella. Incluso, Strickland pide pasar un fin de semana en la casa de la isla, un episodio crucial. A partir de aquí, la novela va alternando entre la larga espera de Anne, su lucha con Strickland, y el relato de viaje de Owen.

Resulta fascinante observar la vida de un hombre solo, en un velero que da la vuelta al mundo. Es cualquier cosa menos un descanso, pero Owen va encontrando una extraña paz, lejos de la presión social y la exigencia de éxito. El velero tiene buen diseño, pero defectos de construcción; entre tareas, Owen escucha la radio de onda corta: radioteatros religiosos, programas sobre física, la conversación con un chico ciego, radioaficionado sudafricano, y sus comunicaciones con el agente de relaciones públicas de Hylan y con Anne, quien se va hundiendo en el alcoholismo.
Mientras ella va de parranda con Srtickland, como en una visita grotesca a Atlantic City, Owen va resintiendo los efectos psíquicos de la soledad. Entre vistas marinas bellísimas o aterradoras, las dramatizaciones bíblicas, y muchas horas de reflexión, Owen, sorprendentemente, va ganando. Pero entonces se interrumpe la señal de satélite que lo conecta con el mundo.

A la deriva cerca de la Antártida, Owen descubre una isla abandonada, ancla cerca de ella, se aproxima en lancha y la explora. Entre focas, pingüinos y aves, encuentra una cabaña en ruinas y otros restos de actividad humana. Entra a la cabaña y tiene una conversación con una mujer, ¿o es un bulto de ropa?
Cuando la señal regresa, Owen no contesta, y toma otra decisión: “Sería un juego absorbente, un juego de tiempo y espacio. El pasatiempo perfecto para el Otro Lado Absoluto… tendría que encarnarse en el individuo que había tratado empeñosamente, toda su vida, de no ser”.
Mientras todo se deteriora en Estados Unidos, Owen piensa: “El truco era disfrutar saber la verdad e impedir al mundo ese conocimiento. Ese es el poder que sugieren las historias bíblicas”. Puede que haya una redención, o no.

