LAS RAÍCES DEL ROMANTICISMO. Isaiah Berlin. Taurus. Barcelona, 2013 (1965). Edición de Henry Hardy, revisada y ampliada. Traducción de Silvia Mari. Prólogo de John Gray. 251 pp.
En el Prólogo a esta serie de conferencias impartidas en Washington D. C., Gray señala un tema recurrente en Berlin, los efectos no intencionados de las ideas: “una vez vertidas al mundo, las ideas cambian y reaparecen con formas fundamentalmente opuestas a las de su esencia original”. Para Berlin, el Romanticismo fue “el cambio puntual de más envergadura ocurrido en la conciencia de Occidente en el curso de los siglos XIX y XX”. Los románticos introdujeron la idea de originalidad en el arte, al artista como creador. Ese don casi divino de la creación se encarnó en la autenticidad y tuvo una ramificación en la ética y la política: las culturas son únicas y deben permanecer ajenas a influencias extrañas. Desde un punto de vista liberal, así, su influencia política fue casi enteramente negativa, al introducir el irracionalismo, si bien también renovó al liberalismo al enfatizar el valor de la pluralidad, la diversidad y la aceptación de lo irracional en el humano. De hecho, todos somos hijos de dos mundos: la Ilustración y el Romanticismo.

Intentar una definición del concepto es inútil y hasta peligroso; puede que la actitud romántica haya existido siempre, pero no el movimiento. Lo que es cierto es que se convirtió en un patrón dominante, primero liberador y luego despótico (como todos). En su dimensión temporal, las relaciones con la Revolución Francesa (razón universal) y la Revolución Industrial (productividad, ciencia) son problemáticas y contradictorias. El Romanticismo es radicalmente opuesto al pragmatismo: lo importante es tener un Ideal, sin importar cuál sea este. Ideales, sacrificio, sinceridad, individualismo, grandeza en el fracaso: eso es lo que cuenta. El estado mental, el motivo, es más importante que las consecuencias.
El cambio ocurrió entre 1760 y 1830, sobre todo en Alemania, y creció de prisa. ¿En qué consistió? Dado lo confuso de las definiciones, el único camino es la paciente reconstrucción histórica. Un ejemplo del cambio: si en la tragedia clásica la catástrofe es en principio evitable por el conocimiento oportuno (si Edipo u Otelo hubieran sabido…), en la romántica es un inevitable choque de valores (lo que haría, digo yo, a Antígona un precedente lejano).

El Romanticismo comenzó por atacar los fundamentos de la Ilustración, es decir el uso correcto de la razón para responder cualquier pregunta genuina, comunicar la respuesta y mostrar que todas las respuestas eran coherentes entre sí. ¿Dónde y cómo surgió la reacción? Tras la humillación y destrucción de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), Alemania se replegó, fragmentada, en el provincialismo, el resentimiento y el pietismo, raíz primera según Berlin. El pietismo predicaba una intensa vida interior, un rechazo a lo intelectual y lo político, con un gran odio a Francia y su frivolidad racionalista. Mientras en esta nación la mayoría de los intelectuales eran de clase media o alta, en Alemania venían de más abajo, encabezados por el oscuro pero influyente Johann Georg Hamann, quien dio el golpe más duro a la Ilustración y cuyo esbozo biográfico, muy interesante, hace Berlin.
Un hecho muy relevante es que el siglo XVIII no fue sólo de ciencia y razón: Mesmer, Cagliostro, Blake, ya presagiaban las grietas, pero fue en Alemania donde surgió el culto a la Acción como valor supremo, sin importar las consecuencias. Curiosamente, Goethe y Schiller fueron antipietistas, pero, quizás inconscientemente, dieron impulso al Sturm und Drang, la violenta doctrina de afirmación personal cuya única obra valiosa fue Werther. Ahora bien, los verdaderos padres del Romanticismo habrían sido Kant, que odiaba al movimiento, pero cuyas ideas, irónicamente, fueron adoptadas por el mismo, y sobre todo Herder, quien proclamó el expresionismo, el relativismo, la pertenencia cultural y los ideales irreconciliables.

Así como torcieron las ideas de Kant sobre el libre albedrío, la falsedad del determinismo, la primacía de la voluntad y el principio antiautoritario, lo mismo hicieron con las de Schiller sobre la libertad, que en él era para cumplir con el deber y oponerse a la opresión, no para incendiar el mundo en aras de ideales inventados. Fichte, ese sí conscientemente, postuló que los fines no determinan al individuo, sino al revés, y creó el nacionalismo alemán (recordemos aquello de las consecuencias no deseadas). Al principio de exclusión de Fichte (Urvolk: libertad y voluntad vs. sumisión y conformidad) se sumó el élan vital, la evolución creativa y lo inconsciente, cortesía de Schelling. Esta mezcla de la Voluntad y lo Inconsciente resultó explosiva: simbolismos atávicos, lo inefable, paranoia, conspiraciones y nostalgias que impulsaron la venganza de lo irracional. En ese sentido, vivimos en tiempos románticos.
¿Cuáles han sido los efectos perdurables del Romanticismo? Primero, un proceso consciente de creación de mitos; el Estado no como una sociedad mercantil, sino como la íntima unión de todas las necesidades físicas y espirituales de una nación. En economía, lo importante ha sido la contradicción: reaccionarios en estados revolucionarios, y progresistas en los conservadores. Sin duda, el Romanticismo tuvo el coraje de revelar lo que la Ilustración negaba: lo irracional, lo inconsciente, el mito de la racionalidad perfectible y el progreso infinito; en ese y otros sentidos, el Existencialismo es su verdadero heredero.

También afianzó la percepción del idealismo como bueno y el realismo como malo; la invalidez de los criterios objetivos; el rechazo a la objetividad de las palabras (posestructuralismo); el fascismo y la alienación de los individuos, amalgamados en masas iracundas. Pero no todo fue malo: defendió la libertad del artista y la complejidad del humano, irreductible a fórmulas; el valor de la diversidad y, en su mejor faceta, un liberalismo tolerante y la aceptación de lo imperfecto. Y, desde luego, grandes obras de arte.


2 respuestas
Muy bueno
Muy interesante