LA GUERRA DE LOS JUDÍOS. Flavio Josefo. Gredos. Biblioteca Básica #78-79. Madrid, 2001 (75 d.C.). 2 vols: I: Libros I-III, 407 pp. II: Libros IV-VII, 383 pp. Introducción General de Antonio Piñero. Traducción y Notas de Jesús Ma. Nieto Ibáñez. 790 pp.
Esta obra del muy controvertido judío helenizado, luego ciudadano romano, escrita en griego, es invaluable en la historiografía universal, al ser la única fuente para los años de consolidación del cristianismo y el nacimiento del judaísmo moderno. Se desarrolla en Palestina-Judea en el siglo I, y fue escrita al mismo tiempo que los primeros evangelios. Josefo nació en 37-38 y después del año 95 se pierde de vista. Curiosamente, su intención política es la misma que la de Polibio, que publicó sus Historias siglo y medio antes: así como éste hace con los griegos, Josefo quiere convencer a los judíos de que es inútil y pernicioso oponerse a Roma, e intenta justificar ante los romanos la conducta del pueblo judío, pro no la de los líderes rebeldes. En efecto, a lo largo de su relato Josefo insiste en que la mayoría de los judíos aceptaba de buen o mal grado el imperio romano, y echa toda la culpa del desastre a un puñado de fanáticos violentos y corruptos cuya tiranía resultaba mucho peor que la de los hegemones.

Comienza en 4 1. C. cuando, a la muerte de Herodes el Grande, el rey seléucida Antíoco IV Epífanes toma Jerusalén. Ya antes, el caos producido por las luchas intestinas entre los corruptos reyes de la dinastía asmonea y los reinos vecinos había provocado, en 63 a. C., una primera intervención romana, encabezada por Pompeyo. Pero luego Roma se concentró en su propia guerra civil. Josefo describe con detalle la trágica y sórdida historia de la dinastía idumea herodiana: una familia de locos que se calumnian y traicionan, hasta el punto de que Herodes ejecuta a sus tres hijos mayores, por lo que le sucede su otro hijo, Arquelao, un rey títere de los romanos.
La primera insurrección se produce cuando el romano Sabino saquea el templo, pero es sofocada en la “Guerra de Varo”, tras la cual Augusto divide el reino en tres partes. Cuando sigue la anarquía, lo convierte en provincia romana y manda al primer procurador, Coponio. En 6-9 d. C. ocurre la insurrección de Judas de Galilea, el fundador de los Zelotes, una secta fanática y ultranacionalista de terroristas que rechazan cualquier compromiso con Roma. Los zelotes eran sólo una de las cuatro sectas judías. Las otras tres eran: 1) los Esenios, ascetas misóginos que vivían en comunidades monásticas, pacifistas y caritativos, políticamente pasivos, con sus propios libros sagrados; 2) los Fariseos, los más numerosos y a la que pertenecía Josefo, que hacían una interpretación rigorista de la Ley y creían en el Destino y en la inmortalidad del alma; y 3) los saduceos, el partido sacerdotal abierto a cooperar con Roma, que tenían creencia contrarias a las de los fariseos.

Siendo procurador Poncio Pilatos (26-36) hubo nuevos disturbios. Por cierto, aunque Josefo describe minuciosamente la política judía en esos años, incluyendo a numerosos profetas, predicadores y líderes, jamás menciona, ni de pasada, a Jesús o a sus seguidores, ni más tare a Saulo de Tarso. En efecto, proliferan los mesías, iluminados, revolucionarios, guerrilleros y bandidos. Lamentablemente, un procurador corrupto y rapaz, pintado como todo un sicópata, Gesio Floro (64-66) provoca con sus abusos y masacres el estallido de la Guerra de los Judíos. Llama la atención que Josefo culpe a unos pocos “sediciosos” al tiempo que retrata as provocaciones de Floro.
Es entonces cuando el rey Agripa II pronuncia una de las piezas retóricas más célebres , su discurso en el que intenta persuadir a los judíos de limitarse a pedir la sustitución de Floro y cesar su guerra, que sólo traerá la perdición del pueblo. Enumera todos los pueblos sometidos a Roma, su poderío y la imposibilidad de derrotarlo. Inútil: es expulsado de Jerusalén. La revuelta comienza donde terminará siete años después (66-73): con el asalto judío a la guarnición romana en Masada, una fortaleza a orillas del Mar Muerto.

El primer líder es Manahem, hijo del zelote Judas el Galileo, que ejecuta al supremo sacerdote Ananías y, tras violar un pacto de rendición y masacrar a romanos desarmados, provoca la inevitable e implacable respuesta. Se genera una guerra total: judíos contra judíos, sirios, nabateos, pereos, etc. En noviembre de 66, Cestio Galo, el gobernador de Siria, fracasa en su asedio de Jerusalén, donde los rebeldes se hacen fuertes. Aquí aparecen el propio Josefo, nombrado gobernador judío de Galilea, así como el gran villano de la historia, el bandido sanguinario Juan de Giscala, al que Josefo debe reprimir sin lograrlo del todo, pues Juan se refugia en Jerusalén.
A fines de 66, ante la gravedad de la situación, llegan Vespasiano y su hijo Tito. En el comienzo del libro III, Josefo hace una muy interesante descripción geográfica y demográfica de Galilea, Samaria, Judea y zonas circunvecinas. Nuestro autor se da cuenta entonces de que será imposible ganar la guerra, pero aun así se encierra en la fortaleza montañosa galilea de Jotapata, donde recibe el asedio romano. Llegamos así al momento más famoso y controvertido del libro: después de una horrenda batalla, Josefo y cuarenta compañeros se refugian en una cueva. El líder se quiere entregar, ante los reproches de los demás. Afirma conocer el Destino (como buen fariseo, este es un concepto central de su cuerpo de creencias); en un discurso sofista, les dice que es más honroso morir a manos del enemigo que suicidarse. Como no los logra convencer, pactan matarse unos a otros, hasta que sólo quede uno, que se suicidará. Este último, desde luego, es Josefo, quien finalmente se entrega. Desde un punto de vista fundamentalista, es un traidor; según él, es lo más realista y pragmático. A la fecha, muchos judíos lo consideran traidor.

Con gran astucia y mucha, mucha suerte, una vez cautivo Josefo profetiza a Vespasiano que pronto será emperador, y luego lo será Tito. Gracias a esa estratagema, le respetan la vida y a partir de aquí se dedica a pintar a ambos romanos como jefes compasivos y benevolentes, que sólo matan y destruyen cuando no tiene más remedio. Se convierte así en militar al servicio de los romanos, lo que le gana el odio de sus compatriotas rebeldes. Hay muchos elementos para pensar que dice la verdad cuando afirma que, ante el salvajismo de los zelotes, muchos judíos llegan a preferir la paz con Roma.
Jerusalén está en manos de los zelotes; Josefo describe con horrible detalle su impiedad, el saqueo del templo, las violaciones, robos y masacres que infligen a sus coterráneos. Juan de Giscala asesina a los sumos sacerdotes Ananías y Jesús, entre otros muchos, y pide ayuda a los idumeos, que llegan encabezados por otro sicópata, Simón de Giora, quien diezma a la población. Vespasiano, por su parte, rodea Jerusalén, pero tras la muerte de Nerón debe volver a Roma, donde reina el caos. Una vez emperador, envía a Tito a reanudar el sitio, pero entretanto los líderes rebeldes se enfrascan en una estúpida y fratricida guerra interna. Josefo hace una valiosísima y meticulosa descripción de la ciudad, sus murallas, barrios, torres y templos, todo perdido hoy, casi sin excepciones.

Para mayo de 70, los romanos logran penetrar la tercera muralla. Josefo, cuyos padres y esposa están dentro como rehenes, exhorta a los jefes a rendirse, sin éxito. Queda claro, entonces, que la ciudad y el templo serán destruidos por culpa de ellos y de nadie más. Se explaya en describir la maldad diabólica y estúpida de Juan y Simón, hasta que Tito toma la Torre Antonia y entra en el templo, que es destruido por los judíos ante las súplicas de los romanos de que no lo hagan. La lucha dentro de los muros es simplemente espantosa, incluyendo episodios de antropofagia. No quedará piedra sobre piedra, y los judíos serán expulsados de su ciudad santa, que no volverán a controlar hasta 1948.
A manera de epílogo, Josefo relata la rebelión judía de Cirene, en 70-74, la ejecución de Simón de Giora y el suicidio masivo y toma de Masada en 73. Uno de los libros de historia más importantes y valiosos, a pesar de las muchas polémicas que ha suscitado, y guía indispensable para arqueólogos y otros estudiosos.

