BOMARZO. Manuel Mujica Lainez. Círculo de Lectores. Barcelona, 1973 (1962). 620 pp.
Durante muchos años, Mujica Lainez fue crítico de arte en el diario La Nación, de Buenos Aires. Era, en particular, un profundo conocedor del arte del Renacimiento. En 1958 visitó Bomarzo, una pequeña villa al noroeste de Roma, con un viejo castillo y uno de los parques más extraños del mundo: el Sacro Bosco. Bajo el castillo se extiende un tupido, abrupto y salvaje bosque, en medio del cual hay unas esculturas talladas en la roca nativa: monstruos, un Saturno, un elefante que lleva un conductor negro y tiene a un hombre enredado en su trompa, y muchas otras, con un templo pagano sobre una elevación. El parque fue erigido tras la muerte de su primera esposa, Julia Farnese, por el duque Pier Francesco Orsini. Alucinado, Mujica Lainez se propuso escribir la “autobiografía” de Orsini, que imagina las muchas partes desconocidas de su vida y se adentra en su mente torcida y genial. El resultado es una de las grandes novelas del siglo XX, y sobre el Renacimiento. Es, por supuesto, mucho más que el relato de una vida: un amplio fresco sobre esa época violenta, colorida y brillante que fue el Renacimiento italiano.

Orsini pertenecía a una de las familias más notables de Roma, de la alta aristocracia descendiente de feroces y voraces condotieros, mercenarios profesionales enriquecidos con las perennes guerras entre los pequeños estados italianos. Al gran orgullo que Orsini sentía por su linaje, se enfrentaba una enorme frustración, pues el joven nació jorobado y cojo, es decir, inútil para la profesión guerrera del clan. Huérfano de madre desde muy niño, su padre lo despreciaba y maltrataba, al igual que sus hermanos, uno mayor y otro menor, que lo atormentaban física y emocionalmente. Es pues un resentido, un hombre con eterna ansia de autoafirmación. Nació el 6 de marzo de 1512 (según la novela), y un horóscopo le auguraba vida eterna y poderes ocultos. Esta profecía es lo que lo sostiene anímicamente.

La única persona que lo ama es su abuela, Diana Orsini, una mujer formidable, férrea y compasiva a la vez, quien le infunde el orgullo tribal y lo anima y consuela en sus muchos infortunios. El chico soñador, triste y solitario, se dedica a coleccionar piezas antiguas, etruscas y romanas, y adquiere una gran cultura (por lo que es ridiculizado). Crece en un mundo sumamente violento, corrupto y sensual, en el que una Iglesia degradada, nepotista e inmoral ostenta el poder al lado de los clanes de condotieros.

Un día, en una playa, conoce a Benvenuto Cellini, quien al despedirse lo besa en la boca. Escandalizado, su padre lo envía a Florencia, donde pasa tres años en el palazzo de sus parientes, los Medicis. En esta etapa de formación conoce a varios de los protagonistas de su época: sus primos Hipólito, Alejandro y Lorenzaccio, su prima Catalina, futura reina de Francia. También a sus primeros amores, hombre y mujer pues es bisexual y tiene su primera experiencia forzado por una criada. Mujica nos describe, con detalle, humor y erudición notables, los acontecimientos de toda esa época: cambios de Papa, luchas aristocráticas, la pléyade de genios, el Sacco di Roma, las guerras, las cortesanas.

Su vida sexual es calve en su desarrollo emocional: impotente a veces, potente otras, casi siempre con campesinas o servidoras. En 1530 asiste, en Bolonia, a la coronación de Carlos V, y ahí conoce a la bella Julia Farnese, con la que practica un torpe cortejo, pues nunca se olvida de que es un hombre contrahecho, objeto de burlas: “la memoria de nuestras ridiculeces, de nuestros grotescos desbarros, puede más que la de nuestros éxitos”. No obstante, ella lo acepta y se casan, pero el jamás logra consumar sexualmente la unión. Julia lo intimida.

Junto con su abuela, dejan morir al hermano mayor, con lo que él se convierte en heredero al ducado, y luego, ayudado por su paje Silvio de Narni, brujo y satanista, provoca la muerte de su padre. Al influjo del poder, el jorobado tímido y medroso se vuelve osado y déspota. Va a Venecia para que Lorenzo Lotto pinte su retrato, pero cae enfermo y es curado por Paracelso. Conoce a Pietro Aretino y, desde entonces, se dedica a buscar las cartas secretas que el alquimista Jan Dastyn escribió en el siglo XIV a su antepasado, el cardenal Napoleón Orsini. Esta búsqueda para dar con el secreto de la inmortalidad lo lleva a descubrir un pasadizo oculto, de donde nacerá la idea del Sacro Bosco.

Los siguientes años y décadas son convulsos para Italia y para la familia Orsini. Pier Francesco vive rodeado de parientes pobres, cortesanas e intelectuales. Sobre los primeros dice: “Ellos eran así, inescrupulosos. También lo era yo. También lo era, ya que de esto hablamos, el Renacimiento”. Dado que no tiene relaciones con Julia, propicia que ella lo haga con su hermano menor: tendrá un hijo espurio, Horacio.
Todavía, en 1552-53, irá a las guerras de religión en Francia y Flandes, de donde vuelve traumatizado. Poco después muere Julia: “Unirme a ella, fue para mí un lujo; enfrentarla, fue una tortura; perderla, una desesperación; poseerla, un agobio”. Pasas sus últimos años como un viejo medio loco, entre alquimias, brujerías y su proyecto del bosque, en el que cada pieza representa a un personaje o situación clave de su vida. Escribe desde la inmortalidad.

Imposible dar aquí una idea de la riqueza de situaciones y personajes de esta historia tragicómica. La prosa, fiel a la época, es manierista, profunda y frívola, violenta y frágil, con una erudición lúdica y una magia literaria verdaderamente poderosa.


Un comentario
Poco divulgada esta gran novela de Manuel Mújica L., donde realidad y ficción se abrazan y atrapado entre ellas queda el lector.