Viena entre guerras: Los Demonios, de Heimito von Doderer.

Incendio del Palacio de Justicia de Viena, 15 de julio de 1927. www.diario-red.com
Quizá la última de las grandes épicas modernistas austríacas, esta novela es un monumento a la memoria, la compasión y el humor.

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LOS DEMONIOS. Heimito Von Doderer. Acantilado. Barcelona, 2009 (1956). Presentación de Martin Mosebach. Traducción de R. Bravo de la Varga. 1662 pp.

Esta novela monumental, junto con su predecesora, Las Escaleras de Strudlhof, merece sin duda un lugar entre las grandes obras narrativas del siglo XX, junto a las de Joyce, Proust, Kafka, Mann, Musil, Broch y unos cuantos más. Por ambición, espectro y calidad, son obras que se insertan en la tradición de la gran novela modernista (en este caso sin las exigencias experimentales de Joyce, Faulkner o Gass), tanto como en la tradición austríaca. Por medio de una voz narrativa que incorpora otras voces, las de personajes-escribas-cronistas cuyas contribuciones edita y funde en un solo relato, la novela presenta una historia íntima de Viena en 1926 y 1927, estructurada alrededor de las andanzas de un grupo amplísimo de personajes (unos cien), cuyos destinos serán catalizados por el Incendio del Palacio de Justicia, el 15 de julio de 1927. Sin mayores confusiones, la novela va y viene a través de esos meses, para ir anudando los muchos hilos de la trama, que nos presenta los más diversos tipos humanos y clases sociales de una ciudad que va saliendo de los traumas dela Primera Guerra Mundial, sólo para acercarse a la Depresión y el fascismo.

Heimito von Doderer (1896-1966). www.phte.upf.edu

El narrador principal es el Jefe de Sección Geyrenhoff, pero quizá el protagonista central sea René von Stangeler, (personaje de Las Escaleras de Strudlhof), una suerte de alter ego de von Doderer: ex prisionero de guerra en Siberia e investigador del Instituto Austríaco de Investigaciones Históricas. Con el ardid de sus colaboradores, la novela está narrada tanto en tercera como en primera persona. Como una bisagra, se engancha con Musil: así como éste, desde entreguerras, describe los últimos meses del Imperio Austrohúngaro, Doderer, desde la segunda posguerra, describe con sarcasmo, sátira e ironía el período entre ambas guerras. El relato en espiral gira alrededor de un conjunto de leitmotivs: “un más allá dentro de este mundo”, “exemplum docet, exempla obscurant”, “la segunda realidad”, para cada personaje, subtrama, calle o barrio. Toda Viena y sus suburbios quedan representados y descritos.

Viena en los 1920s. www.austrianposters.at

La novela incluye digresiones sobre la lengua: del alto alemán académico y literario del norte protestante, a la lengua popular, multicultural y dialectal del sur austríaco. Recién retirado, aún joven, del servicio civil, Geyrenhoff forma parte de un grupo de amigos llamados “Los Nuestros”. A grandes rasgos, los muchos hilos se tejen a partir de algunos procesos: la maduración de Stangeler y su romance con Grete Siebenschein; las obsesiones del escritor Schlaggenberg y su relación con su hermana Charlotte, o “Renacuajo”; la identidad y fraude con la herencia de ésta; el papel del siniestro Levielle, consejero de la Cámara de Comercio: la viuda Friederike Ruthmayr; y la vida de Mary K., quien al final de Las Escaleras… pierde una pierna en un accidente. Por medio de correspondencias, conexiones, sueños y recuerdos (con fuerte influencia proustiana), la novela tiene un eje: “No habría más que tirar de un hilo cualquiera de la vida para que éste la recorriera por completo”.

La estación del Norte, Viena. www.mahlerfoundation.org

La acción se desata con dos encuentros fortuitos de Geyrenhoff: con el petulante y obsesivo Schlaggenberg, en los prados del suburbio norteño de Döbling, hogar de muchos de los personajes, y con Levielle en el centro de Viena. Tras una célebre juerga, se consolida del grupo de Los Nuestros, centro de fusión de intrigas, romances y rivalidades al que eventualmente se integra uno de los personajes más interesantes y entrañables, Leonhard Kakabsa, un obrero convertido en historiador y novio de Mary K., la valiente mujer que logra superar la pérdida de su pierna y conformar un salón literario, correlato del de sus vecinos, los Siebenschein.

En departamentos, mansiones, excursiones campestres y de esquí, cafés (esenciales en Viena), y desde luego los disturbios que culminan en el incendio, las vidas de los personajes se van entrelazando y, de hecho, tan importantes como aquellos escenarios son las fábricas, barrios obreros, tabernas, tugurios y prostíbulos, pues algunos de los personajes son prostitutas, ladrones y matones. Las conversaciones, desde las más elevadas sobre historia medieval, literatura o filosofía, hasta los chismorreos, la moda, el sexo o las obsesiones de cada uno, son fundamentales, así como la construcción de la memoria: “No se puede concebir el pasado como algo establecido de una vez para siempre, lo reformamos continuamente”. Igualmente las reflexiones sobre la cultura: “La inteligencia había fracasado… no había podido impedir la guerra mundial ni su desdichado desenlace”; “el despertar de nuestra conciencia se produjo en los campos de batalla, la tragedia nos aguardaba desde antes de nuestra concepción, no nacimos para ser felices…”.

Döbling, Viena. Wikipedia.

Ante la imposibilidad de mencionar las muchas historias particulares, debe insistirse en la riqueza y tridimensionalidad (o tetra, si incluimos la dimensión temporal, esencial) de los personajes, así como en la belleza de las escenas axiales y el suspenso de cada trama, en especial el thriller conformado por el origen, carácter y destino de la adorable Renacuajo. Apenas unos esbozos:

Schlaggenberg, un escritor excéntrico obsesionado con las mujeres gordas (representadas por un grupo de mujeres ricas que se reúnen en los cafés a comer pasteles, chismear, ver revistas de modas o jugar bridge), recibe a su hermana Renacuajo, violinista que se engancha con un húngaro socialista y pedante. Algo tiene que ver en su vida, para mal, Levielle, a su vez consejero personal de la viuda millonaria Friederike, de la que se enamora Geyrenhoff. En toda esta trama de la herencia de Renacuajo tendrá mucho que ver el viejo sargento Gach, quien de hecho da la clave para resolver el enigma.

Sendero en el Kahlenberg, la montaña de Viena. Tripadvisor.

En paralelo, Stangeler tiene un noviazgo muy complicado con la bella y lúcida Grete. Stangeler, a pesar de ser noble, es pobre, inseguro e irritable, pero cuando conoce al empresario Jan Herzka todo cambia. Herzka, un hombre muy culto, hereda un castillo medieval. En una conversación sobre la quema de brujas, encuentra en Stangeler al hombre que necesita, pues en el castillo hay toda una historia y una biblioteca sobre el tema. El largo episodio “Los subterráneos de Neudegg” merece mención aparte: es un maravilloso pastiche de la novela gótica que incluye el texto completo de “El manuscrito de Ruodlieb von der Vläntsch”, un testimonio sobre los juicios de brujas del siglo XV, escrito en alemán antiguo (admirablemente traducido al español medieval), siniestro, apasionante e hilarante. Stangeler se convertirá en bibliotecario de Neudegg, en un historiador reconocido, en un hombre seguro y maduro, y en un feliz novio de la extraordinaria Grete.

Castillo medieval en Austria. www.castlesintheworld.com

En otro carril, el obrero Kakabsa, por un accidente de la vida, entra en relación con un librero y descubre su pasión por las lenguas clásicas, la historia y la filosofía. Kakbsa se rehúsa a dejar de ser obrero: quiere demostrar que los proletarios pueden, sin dejar de serlo, acceder a la cultura. Pero su mundo, así, seguiría siendo el de gente vulgar y antros de mala muerte. En la biblioteca pública taraba relación con Stangeler, quien lo introduce en las tertulias de Los Nuestros, de los Siebenschein y de Mary K., hasta que es reclutado por el príncipe Alfonso Croix, también como bibliotecario e historiador. La historia del romance entre este joven y la madura Mary K. es de lo más hermoso de la novela.

Esquí en el Kahlenberg. www.snowbrains.com

Otra subtrama importante, estrechamente relacionada con los acontecimientos que derivan en el incendio, es “La Casa del Unicornio Azul”, que introduce a Renata Gürtzner-Gontard (hija del mentor de Geyrenhoff) y a su amiga Sylvia, así como al niñito que luego muere en los disturbios, y que existió.

Una maravilla de esta larga novela, entre otras, es el sentido del humor que, a pesar de los momentos verdaderamente trágicos que incluye, permea todo el relato. Pero en el fondo de este humor hay un pesimismo fundamentado en la Historia: “Repican las campanas anunciando el nacimiento de los eslóganes y, al mismo tiempo, doblan por la muerte de la evidencia… la abstracción apriorística es la madre de todos los revolucionarios”. Difícil encontrar una novela más vigente y otro gran mensaje del pasado para nuestro tiempo. Una obra muy mayor.

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