GOUVERNEURS DE LA ROSÉE. Jacques Roumain. Mémoir d’Encrier. Montréal, 2007 (1944). 216 pp.
Esta es la novela más célebre de la escasa narrativa literaria haitiana, escrita en México por el joven diplomático y comunista Roumain, muerto prematuramente a los 37 años. Fue, además, antropólogo y etnólogo, disciplinas que le facilitaron hacer un retrato veraz y profundo de la vida en las aldeas miserables y explotadas de ese infortunado país. Aunque la novela es claramente una pieza de denuncia y un exhorto a la solidaridad, Roumain no cae en lo panfletario y su relato logra ser genuinamente conmovedor.

Bienaimé y Délira son dos viejos que viven en la más abyecta miseria: la deforestación ha provocado la erosión de la tierra, que de ser un vergel ha pasado a ser un páramo. Las lluvias escasean, la gente pasa hambre y además es robada, en el mercado vecino, por los crueles gendarmes que gobiernan mediante el terror. Además, viejas rencillas y venganzas tienen a la comunidad dividida y enfrentada. Los viejos lamentan la ausencia de su único hijo, Manuel, que lleva quince años en Cuba, trabajando en la zafra. En sus conversaciones y monólogos interiores, recuerdan los bue3nos tiempos de fertilidad, amistad y trabajo comunitario. La novela retrata las penosas tareas cotidianas y a los personajes de la ladea de Fonds-Rouge.
Un día regresa Manuel, sorprendido por la sequía y la miseria. Al llegar conoce a una bella chica, Anaïs, quien al descubrir su identidad lo rehúye con miedo. Los padres se deshacen en lágrimas al recibirlo; cuando su madre se lamenta por el desamparo divino, Manuel le responde: “No es Dios el que abandona al negro, es el negro el que abandona la tierra”: Manuel viene a combatir la superstición y a poner a trabajar al pueblo. Los vecinos de su bando llegan a saludarlo y loa cosan con preguntas; Manuel les describe la esclavitud en Cuba y ellos le cuentan sobre la explotación a la que se ven sometidos.

En sus recorridos por los alrededores, Manuel se enfrenta a la hostilidad de muchos, incluyendo a Anaïs. Esas andanzas, que despiertan sospechas, tienen como fin encontrar una fuente de agua que pueda ser canalizada a los campos de cultivo, pero durante mucho tiempo son infructuosas. Con resignación, el descreído joven acepta participar en una ceremonia vudú para implorar lluvias. La descripción del ritual es fascinante, con el Houngan (sacerdote) y sus acólitos: el sacrificio del gallo negro, las danzas extáticas, las posesiones de los danzantes por dios, buenos y malos.
Cuando Manuel comienza a esparcir su evangelio de unión y trabajo, así como de resistencia a la opresión, el policía local lo amenaza. Él y su esposa usurera son los mandamases de la aldea. En una conversación que finalmente logra tener con Anaïs, la convence de que lo ayude con las otras mujeres, para buscar la reconciliación. De hecho, se hacen novios, pero son descubiertos por Gervilen, un hombre feo y torvo, que jura venganza pues está enamorado de la bella joven, que no le corresponde.

Finalmente, siguiendo a ciertas aves, Manuel descubre una hondonada donde hay agua. Lleva a Anaïs y ahí hacen el amor. A partir de ese momento, Manuel tendrá como misión reconciliar a los bandos y lograr la colaboración, único medio de realizar la titánica tarea de construir el canal de regadío. Para ello recurre a Larivoire, el viejo sabio del bando enemigo, quien decide cooperar, pero que se enfrenta a la oposición rotunda de Gervilen y sus seguidores. Éstos citan sus “principios”: perdonar, reconciliarse, significa traicionar la memoria de los viejos agravios.
La trama siguiente se desarrolla en torno a esa lucha desesperada de Manuel y Anaïs por superar las diferencias. Casi lo logran, pero el odio de Gervilen y la ambición del policía y la usurera son obstáculos formidables. Estos últimos temen que el regreso de la prosperidad reduzca su poder y el negocio de la usura.

La novela es inevitablemente trágica, pero al final habrá una esperanza de redención. Roumain juega hábilmente con la paradoja del ateo que, a su pesar, termina convertido en una figura crística. Roumain hace descripciones minuciosas y precisas de la vida aldeana y sus rituales, como los velorios y funerales, el desprecio profundo del sacerdote católico hacia la gente humilde, la extraña religión sincrética afro-cristiana y la lucha entre el odio y la supervivencia por la unión y el perdón.


7 respuestas
Como siempre. Me invitas a leerlo. Gracias
Se me hace muy interesante. Lo voy a buscar. Gracias
“No es Dios el que abandona al negro, es el negro el que abandona la tierra”:
Y así somos… nosotros abandonamos al mundo … a la naturaleza.
Muchas gracias! Saludos
Lo compraré en KINDLE, la entrada vislumbra una buena lectura.
Mi, Fascinante tu capacidad de descubrir autores y obras que valen la pena de ser compartidas y en general, que entregan una mirada profunda, que explica más este raro mundo.
Parece que este libro tiene una visión dura pero con esperanzas, en el trabajo desde las comunidades que se puede hacer para cambiar las cosas.
Muchas gracias!
Interesante saber de este autor de la literatura de Haití. Gracias.