DERBORENCE. Charles F. Ramuz. Plaisir de Lire. Pully, 2017 (1934). Postfacio de Stéphan Pétermann. 176 pp.
Ramuz es quizá el principal exponente de la literatura suiza en lengua francesa; una literatura que ha sido conocida afuera por las obras en alemán (Frisch, Dürrematt), sobre todo. Además, contrario a los autores germanófonos modernos, que suelen tratar temas urbanos, Ramuz, y en particular esta obra, retrata con precisión, sin complacencias, la vida rural tradicional, característica de los cantones de esa federación sui generis. La novela resulta muy exitosa en la combinación del realismo con un aire sutil de leyenda.
El relato se basa en un hecho real: en el verano de 1714, un pico conocido como Les Diablerets, en el centro de Suiza, se derrumbó sobre un estrecho valle a gran altura, sepultando un pequeño conjunto de cabañas estacionales, habitadas por pastores y sus rebaños de manera transitoria, matando a algunos de ellos y creando el lago que existe hoy (hubo un segundo derrumbe en 1749).

Al comienzo de la novela, el viejo Séraphim está sentado frente al fuego de la cabaña, en compañía del joven Antoine, casado un par de meses antes con Thérese, sobrina de Séraphim. Antoine, huérfano pobre, ve al viejo como su padre, pues fue él quien lo protegió y convenció a la madre de la chica, quien se oponía al matrimonio. Por la noche, ya dormidos, se escucha un ruido sordo y amenazador, Con una prosa poética de gran belleza, Ramuz describe la fría y sombría garganta del valle, rocosa y rodeada por precipicios, que ahora ha quedado sepultada por muchas toneladas de roca. Describe también las minúsculas aldeas alrededor, los efectos de luz lunar y sonido del derrumbe, tras el cual los vecinos, al amanecer, se acercan para contemplar el desastre.

La acción se traslada a la aldea de los protagonistas, montaña abajo, en una ladera bajo la cual corre el Ródano. Esa noche, Thérese, embarazada, escucha el ruido y siente el movimiento. Por la mañana, los aldeanos comentan o que creen que ha sido un terremoto. Sólo uno intuye la verdad: Nendaz, un cojo que recluta al muy joven Justin para ir a investigar. Al subir por el sendero ven bajar a un chico ensangrentado, y luego a otro hombre muy malherido, transportado en una camilla. Se organiza una partida de búsqueda, mientras Thérese y su severa madre, Philoméne, se quedan muy angustiadas, como los parientes de los demás pastores.
Dos meses después asoma de entre las rocas la cabeza de Antoine; es un nuevo nacimiento, un reencuentro con el mundo, al que hay que volverse a acostumbrar: recuperar el sentido de la distancia, los colores, sonidos y olores. Una escena casi mitológica. ¿Dónde está? Donde antes había un pastizal, ahora quedan un desierto de piedra y dos lagos.

Como vuelto de otro mundo, Antoine logra avanzar hacia su aldea, asustando a la gente con su aspecto. Al llegar, sus vecinos, incluida Thérese, piensan que es su fantasma que, inquieto, visita los lugares de su vida. Antoine cuenta en la taberna la forma en que pudo subsistir esos meses y se reencuentra con su esposa, quien le informa que tendrán un hijo. Pero a Antoine lo obsesiona regresar a buscar al viejo Séraphim, y un final de antología relata esa aventura. Es una novela muy hermosa sobre la relación entre humano y naturaleza, y sobre la supervivencia, el amor y la lealtad.


Un comentario
AL PRINCIPIO ME INTERESÉ EN LA NOVELA DEBIDO A QUE, EN VIAJE DE TURISMO, CONOCIMOS EL PUEBLO DE «LES DIABLERETS»