ENSAYOS ESCOGIDOS. Walter Benjamin. Ediciones Coyoacán. México, 2006 (1916-1940). Traducción de H. A. Murena. 213 pp.
Este volumen reúne ocho de los ensayos de Benjamin, sobre diversos temas, siempre alrededor de la literatura, la historia, la estética y sus interacciones con los problemas sociales. En general, prefiero sus textos de crítica literaria, aunque en los otros ámbitos es también original y provocador. “Sobre algunos temas en Baudelaire”, a pesar de su título poco llamativo, es un ensayo ambicioso, muy interesante y agudo. Según él, y es difícil disentir, con Baudelaire se abre la poesía moderna (que no “modernista”), no sólo por razones de tema y estilo, sino por la distancia que ponía con el lector común: “Baudelaire confiaba en lectores a los que la lírica pone en dificultades”. Víctor Hugo había sido el último éxito de masas de la lírica; después, y luego ya con Mallarmé y Valéry, la lírica pasó a ser un género literario, y no la expresión de EL poeta.

Para bien o para mal, los propios autores mantuvieron alejado, desde entonces, al lector común. Benjamin liga esta actitud con la filosofía de Bergson y la obra de Proust: el primero trató indirectamente la experiencia del spleen baudelairiano, con su análisis de la “duración”, puesto a prueba por Proust. Sólo que, para éste, la experiencia de la durée no es intelectual ni voluntaria, “…depende del azar la circunstancia de que el individuo conquiste una imagen de sí mismo o se adueñe de su propia experiencia”. Benjamin abunda en el tema conciencia-recuerdo voluntario vs. memoria involuntaria, así como en una de las funciones de la conciencia, que es protegernos contra shocks, asumirlos y explicarlos. Para Baudelaire sería la “emancipación respecto a las experiencias vividas”. Como en toda su obra, Benjamin alude a la sociedad industrializada de masas y las nuevas formas de interacción entre sociedad, arte y pensamiento.

El célebre “Tesis de filosofía de la historia” es un ensayo poético y aforístico sobre la aprehensibilidad del pasado, que incluye su famoso pasaje sobre el Ángel de la Historia, inspirado por el cuadro Angelus Novus de Paul Klee: “…su cara está vuelta al pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula sin cesar ruina sobre ruina”. La tempestad que lo lleva hacia el futuro se llama Progreso. La segunda parte, empapada de materialismo histórico marxista, suena obsoleta pero sigue siendo un ensayo instructivo y relevante.
“Franz Kafka” es un ensayo muy importante que explora el inacabable mundo mental del escritor que quizás sea el autor central del siglo XX. La familia y el sistema judicial; la culpa, el castigo, la secrecía; el destino inexorable, inexplicable. Parece que la belleza sólo puede estar en lugares ocultos, en los acusados, para quienes no hay esperanza. Naturalmente, el tema de la sociedad de masas une a Benajmin y Kafka: las burocracias, las grandes construcciones (“La Muralla China”) cuyo plan es completamente desconocido para cada trabajador.

“La Tarea del Traductor” es otro texto crucial. Es un análisis profundo de la complejas relaciones entre lenguas. En la traducción, es fundamental diferenciar lo entendido del modo de entender: “la traducción no es sino un procedimiento transitorio y provisional para interpretar lo que tiene de singular cada lengua”. La traducción literal impide por completo la reproducción del sentido.
“Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres” tiene una idea muy amplia del mismo: “Toda comunicación de contenidos espirituales es lenguaje. La comunicación mediante la palabra constituye sólo un caso particular”. Su averiguación, sin embargo, toma un rumbo místico que termina sonando más a Cábala que a filosofía.
Uno más, entre los destacados, es “Para la crítica de la violencia”. Parte del problema original, el dilema entre la justicia de fines y medios. ‘Es la violencia un medio legítimo para alcanzar un fin justo? Esto tiene que ver, a su vez, con las diferencias entre el derecho natural y el derecho positivo. Mientras el primero tiende a “justificar los medios legítimos con la justicia de los fines”, el segundo tiende a “garantizar la justicia de los fines con la legitimidad de los medios”.
Benjamin sigue siendo un pensador vigente, a pesar de sus preferencias ideológicas marxistas, porque conecta temas dispersos de manera iluminadora, y porque nunca fue hombre de partido.

