THE MIRROR AND THE LIGHT. Hilary Mantel. Henry Holt. New York, 2020. 757 pp.
Este volumen cierra la trilogía de Mantel sobre Thomas Cromwell, una de las sagas de novela histórica más logradas de las últimas décadas, por varias razones. En primer lugar, desde luego, por la calidad y consistencia de la prosa: Mantel logra el milagro de, sin caer en un lenguaje arcaizante y fatigoso, transmitir los diálogos de manera coherente con los personajes y la época, manteniendo ese tono también en las partes narrativas. Después, por la profundidad de la investigación histórica y por la originalidad de tomar como protagonista a un hombre que pasó a la historia como villano absoluto. Eso le da un interés adicional a la obra: sin falsear los hechos, y sin irse al otro extremo de idealizar a su personaje, la autora nos presenta un hombre mucho más complejo, mucho más admirable. ¿Fue cruel? No más que la mayoría de quienes lo rodeaban, comenzando por el propio Enrique VIII, al que Cromwell más bien moderaba que azuzaba. Hay dos factores esenciales para apreciarlo: el apego y lealtad a sus familiares y amigos (no pocos de los cuales lo traicionaron en su hora baja) y el hecho de haber llegado a ser el segundo (a veces el primero) hombre más poderoso de Inglaterra, a pesar de su muy humilde origen, cosa que los corruptos nobles de la corte jamás le perdonaron. Todo el tiempo, algún conde o duque, o dama encopetada, le recuerda que es hijo de un herrero. La novela, por cierto, aun siendo larga, no tiene escenas en las que no aparezca Cromwell.

Esta parte final comienza el 20 de mayo de 1536, cuando acaban de decapitar a Ana Bolena. Cromwell se acerca a la cima del poder, a sus cincuenta años, pero no sin problemas: “Su principal tarea… era conseguir nuevas esposas para el rey y deshacerse de las anteriores”. La principal intriga política, a lo largo del relato, consiste en saber quién será el heredero del trono. Las familias descendientes de los Plantagenet (Carew, Courtenay, Pole) quieren imponer a Mary, la extraña hija de Catalina de Aragón, católica ferviente. Estos son enemigos de Cromwell, y a ellos se suman Stephen Gardiner, cardenal de Winchester y embajador en Francia, y Thomas Howard, duque de Norfolk y tío de los Boleyn.

En su casa de Austin Friars, es vecino del fascinante Eustace Chapuys, el embajador de Carlos V (sobrino de Catalina), quien por supuesto también intriga en favor de Mary. A pesar de ello, llega a ser amigo verdadero de Cromwell quien, como principal estratega del rompimiento con Roma, es objeto de seducción y amenazas de los católicos. Cromwell vive rodeado de su extraña familia postiza (perdió a su mujer e hijas en la Peste): su hijo Gregory, su sobrino Richard, “Call-Me” Wriothesley, Richard Riche y Rafe Sadler, todos los cuales son personajes importantes, junto con los funcionarios, cortesanos y damas.
Cada vez más, Cromwell se va comprometiendo a sacar adelante misiones difíciles o imposibles, lo que al final dará pie a su caída. La primera consiste en convencer a Mary para que firme un juramento en el que reconoce a su padre como jefe de la Iglesia Anglicana, lo que naturalmente repugna a la fanática papista. Con la amenaza de decapitarla, consigue la firma, pero con ello se gana el odio eterno y las amenazas de la poderosa Margaret Pole y los demás en el partido católico.

En otoño de 1536 estallan disturbios religioso-sociales en los que los católicos afirman que Enrique ha muerto, Cromwell ocupa su lugar, y que en realidad es el Diablo. Esta insurrección crecerá hasta su sangriento fin, dañando mucho la reputación popular de nuestro personaje. Mientras tanto, avanzan los preparativos para la boda real con la fantasmal Jane Seymour. Con el maravilloso detalle que realmente nos inserta en ese mundo, Mantel describe, por ejemplo, la ceremonia para preparar la cama para la noche de bodas. Igualmente, asistimos a las conversaciones íntimas, nostálgicas y francas entre el rey y su mano derecha. Cromwell va comprendiendo la esencia de la realeza: el rey no es un ser humano, es una suma de historias, profecías, sueños, victorias y fracasos. Un símbolo, no un hombre. Alguno de los muchos presos que lleva a la Torre de Londres, sin embargo, le advierte de su frágil posición ante el rey: “Te odiará por tus triunfos, tanto como por tus fracasos”.

En octubre de 1537, Jane muere tras dar a luz al anhelado hijo varón, el futuro Eduardo VI. La siguiente misión es decidir y negociar el nuevo matrimonio, tarea endiablada por las implicaciones políticas y diplomáticas. Junto a este lío está otro que será aun más peligroso: la promesa de matar a Reginald Pole (hijo de Margaret), el “cardenal de Inglaterra” que conspira contra Enrique en el Vaticano. Al mismo tiempo, Cromwell logra casar a su hijo con una hermana de la reina, lo que aparentemente asegura su posición, pero en realidad le crea más envidias y calumnias.

Cromwell se va refugiando cada vez más en sus recuerdos de infancia, en el viaje inverosímil que lo ha llevado a la cumbre del poder, pero también al mayor riesgo. El ambiente político se va deteriorando; proliferan los disturbios, los amigos se van y los enemigos regresan. Al recuperarse de una grave enfermedad, Cromwell se encuentra con un partido católico fortalecido. Cuando Gardiner regresa de Francia, empoderado, la desgracia comienza a volar sobre el ministro. Incluso hay una pelea a golpes. La boda con la alemana Anna de Cleves es un desastre, y Enrique culpa a Cromwell. Todavía, éste será ennoblecido y nombrado Lord Chamberlain, pero el 10 de junio de 1540 es arrestado y llevado a la Torre que tan bien conoce…
Un profundo estudio del poder; el retrato de una época fructífera en relatos, peligrosa y atractiva; un ejercicio de revisionismo histórico que se logra con maestría literaria, por una de las mejores novelistas inglesas de las últimas décadas.

