UNE ENQUÊTE AU PAYS. Driss Chraïbi. Éditions Du Seuil, 1981. 201 pp.
Una Investigación en el Campo, novela del considerado “padre de la literatura marroquí moderna en francés”, nos presenta al Jefe y al Inspector Ali, dos policías de la capital, llegando en su auto a una remota aldea de los Montes Atlas, cerca de la frontera sureste con Argelia, en una misión sobre la que el segundo no sabe nada. Es el 11 de julio de 1980 (la novela transcurre en sólo dos días), y el par de agentes viene sosteniendo una conversación absurda sobre el estado de los caminos y el gobierno. El Jefe, un hombre fatuo y tonto, de 35 años, está orgulloso de la independencia y odia-admira a los franceses, aunque también desprecia a las tribus seminómadas que, según él, retrasan el progreso de Marruecos. Es hijo de otro policía, a diferencia de Ali, de origen muy pobre, hijo de un panadero, cuya miserable infancia lo ha marcado indeleblemente.
La aldea está desierta y en ruinas; solamente hay un viejo arrugado y apático, Raho, junto a un burro (que será un personaje importante) y dos ovejas famélicas. En medio del paisaje desolador, el viejo se rehúsa a darles información hasta que, a regañadientes, les dice que para él el Estado no es sino los recaudadores de impuestos que, una vez al año, se presentan para llevarse su poco ganado. La aldea, cuyos pobladores no saben nada del mundo, carece de nombre y todos son de una sola familia. Mientras el Jefe se muestra impaciente y despectivo, Ali es más comprensivo y astuto, más hábil con los usos y costumbres.

Pronto descubren que el resto de los aldeanos vive en las cuevas de la montaña adjunta. Una vieja sabia, Hajja, les da agua y refugio del sol en su caverna, en la que vive con un pariente ciego. Mientras los policías duermen, Hajja hace que Bourguine, un pastor avispado, les saque dinero y viaje al pueblo más cercano a comprar víveres. Con ellos, al anochecer, organizan un suntuoso festín comunitario en el que vamos conociendo su historia y a los principales personajes de la familia. La astuta Hajja se va dando cuenta de qué clase de personas son los visitantes: para el odioso Jefe, el Estado lo es todo, así como la modernidad, las tarjetas de crédito y la comida procesada. Ali, en cambio, se integra a la comunidad. Bajo el ánimo aparentemente festivo corren una gran tensión y desconfianzas mutuas: ¿a qué vienen esos hombres?, ¿son los aldeanos amistosos o taimados? En el curso de la conversación, les cuentan la historia de su héroe local, el comandante Filagare, un hombre que, hace años, bajó a Argelia a vender pollo y huevo, sólo para ser arrestado por el ejército (eran los años del FLN y la guerra argelina de independencia), torturado y vejado. Este hombre se convirtió luego en un temible francotirador que mata franceses, y aparecerá más tarde en la novela.

Al alba del día siguiente, Ali contempla al asno rojo de Raho: en una escena poética y maravillosa, el relato describe su mente animal, sus sensaciones, su ser, desperezándose al sol naciente. Los policías conducen interrogatorios: el brutal Jefe contrasta con el astuto Ali, que se hace pasar por tonto y servil. Los diálogos, por supuesto, son obras maestras del sinsentido y las barreras culturales.
Cuando Ali baja al caserío, ve a Raho cavando una tumba. ¿Quién ha muerto? Aún no se sabe. Al subir de vuelta, ve a dos gemelas bellísimas: en un soliloquio febril, encuentra su destino. Se casará con ambas, irá a la ciudad a divorciarse y volverá con muebles y dinero para instalarse en una cueva con sus dos ninfas. Odia la vida civilizada y ser policía; sólo quiere estar ahí, ¿será posible?

En la cueva encuentra al azorado Jefe. Los montañeses no le tienen miedo ni respeto, no entienden la ley ni al Estado. En otro monólogo mental, muestra su arrogancia ingenua, sus estudios en París y Cincinnati, su complejo de inferioridad escondido en el despotismo del descolonizado empoderado. Finalmente le revela a Ali el motivo de la investigación y le cede su conducción. Pero éste sigue obsesionado con su dilema, que pretende resolver con un volado que no sale bien. Se acerca la hora de tomar decisiones…
Excelente primer acercamiento a la literatura marroquí, con esta novela cómica, trágica, penetrante y compasiva, que hace uso exitoso de técnicas como la corriente de la conciencia, engarzadas en un relato engañosamente costumbrista, que nos revela a unos humanos perdidos en una modernidad traumática, con una prosa notable.


Un comentario
Gracias Memo. Leí com gran interés tu texto. Pasé los dos primeros meses de este año en Marruecos y, según puede ver, la vida en el campo no ha cambiado mucho (en las ciudades es otras cosa). Abrazo