Lo que abruma y lo que deleita: On the Sublime and Beautiful, de Edmund Burke.

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A mediados del siglo XVIII, un joven filósofo político publicó esta célebre reflexión sobre el fenómeno estético, unas décadas antes del advenimiento del Romanticismo. Aunque la terminología ha cambiado en algunos aspectos, su pensamiento sigue siendo vigente.

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A PHILOSOPHICAL ENQUIRY INTO THE ORIGIN OF OUR IDEAS OF THE SUBLIME AND BEAUTIFUL. Edmund Burke. En Harvard Classics, vol. 24. Eireann Press, s/f. s/p. (1757, 2nd edition).

Esta obra sobre estética fue quizá, en ese campo, la más influyente de la Ilustración, y una excursión intelectual de juventud de un pensador que se dedicó sobre todo a la política y el Estado. Miembro del famoso club intelectual del Dr. Johnson, Boswell, Gibbon, Reynolds y Garrick, fue un filósofo metódico. En el Prefacio expone su método: “Una teoría basada en el experimento, y no presupuesta, es útil sólo en la medida en que logra explicar lo que pretende”.  No es, así, una teoría totalizadora o absoluta: “Mi investigación no fue más allá del origen de estas ideas”.

En un preámbulo, “Sobre el gusto”, se pregunta si es posible tratar este fenómeno de la misma manera que la razón y el juicio. Piensa que sí, aunque es mucho más difícil, al ser más volátil y subjetivo: “por la palabra ‘gusto’ entiendo no más que la facultad de la mente que es afectada por, o se forma un juicio de, los trabajos de la imaginación y el arte”. ¿Existen principios del gusto? Los hay, pero dependen de la observación y la experiencia, de donde proceden las diferencias en los gustos. Así, la causa del mal gusto es un defecto del juicio. Aunque la falta de experiencia provee agudos placeres en obras toscas, y el gusto refinado detecta faltas en trabajos mucho mejores, no necesariamente hay una oposición entre el placer y el juicio, como podría parecer. Aun así, aunque la curiosidad y la novedad se reducen pronto, el gran arte debe siempre contener un elemento de novedad, de sorpresa.

Edmund Burke (1729-1797). www.jacobinlat.com

Nuestro estado natural es la indiferencia, y el dolor o el placer no son solamente la ausencia de uno u otro, sin sensaciones positivas. El final del placer produce decepción o nostalgia; el de dolor produce gozo, pero no necesariamente placer. Todas nuestras pasiones responden a los intereses de nuestra autopreservación o de la socialización. Al comenzar a exponer lo Sublime, es muy importante tener en cuenta que, para Burke, este concepto es muy diferente del actual. Si para nosotros lo “sublime” es admirable y bueno, y tiene una connotación positiva, para él “cualquier fenómeno que sea, de alguna manera terrible… es una fuente de lo Sublime”. Es decir, se refiere más a lo que nos asombra y espanta, a lo misterioso y poderoso, y no a lo glorioso o admirable. Lo Sublime nos abruma porque el Dolor es la emoción más fuerte de la que somos capaces. Un fenómeno ya notado por Aristóteles es el placer que encontramos en la tragedia, que se debe a la Simpatía (lo que hoy llamamos “empatía”): la identificación que sentimos con experiencias ajenas como el miedo o la compasión. Esta última es “una pasión acompañada de placer, puesto que surge del amor y el afecto social”. De otra forma, simplemente evitaríamos a la gente que sufre y nos negaríamos a conocer sus experiencias. Lo Sublime es el placer estético ante la idea de dolor y peligro.

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El Terror es el principio rector de lo Sublime, y el misterio lo agudiza. En esto, la poesía es superior a la pintura, puesto que lo horrible, al ser visto, degenera fácilmente en lo ridículo y grotesco. Aunque perro y lobo son muy similares, el animal domesticado y servicial palidece ante el misterio y el salvajismo del segundo, igual que Dios nos parece sublime porque es todopoderoso, impredecible e incognoscible. La vastedad extrema del cosmos, lo infinitesimal del átomo, nos producen sublimes escalofríos. Lo mismo el Infinito, la dificultad de una empresa, la magnificencia, la luz intensa, la oscuridad, lo repentino, los ruidos ensordecedores. “Ningún placer procedente de lo benigno es sublime”.

En cuanto a la Belleza, se refiere a las cualidades sensibles de los objetos. No proviene, como sostienen algunos clasicistas, de la “proporción”; una casa no es un ser humano; la rosa es una flor grande en un arbusto pequeño, mientras que la flor del manzano es pequeña en un árbol grande. Estas son teorías artificiosas y falsas. Los jardines geométricos son absurdos porque pretenden corregir a la naturaleza. Lo mismo la “utilidad”: un estómago es perfecto para sus fines, pero no bello. “En la belleza, el efecto es anterior a cualquier conocimiento sobre la función”.

Rama con flores de manzano. Pinterest.

¿Dónde encontramos las fuentes de la Belleza? En lo pequeño: admiramos las cosas y seres enormes, pero sentimos afecto por las pequeñas (y por eso usamos diminutivos para referirnos a lo que nos gusta o amamos). En lo suave, lo delicado, lo diáfano. “La pasión excitada por lo bello se parece más a una especie de melancolía que a la alegría”.

La causa eficiente (no la última, en términos aristotélicos) de lo sublime y lo bello es la íntima conexión entre mente y cuerpo. Gestos, tensión corporal, contracciones: las pasiones se pueden sentir con tan sólo imitarlas (como en la actuación). Cualquier cosa que induzca las sensaciones del terror puede ser origen de lo sublime. Lo que relaja, lo suave (que muchas lenguas equiparan a lo dulce), lo gradual, produce belleza. Un mecimiento suave induce a los niños al bienestar y el sueño.

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Finalmente, en poesía, ¿cómo pueden las palabras inducir lo sublime o lo bello? Burke distingue tres tipos de palabras: las agregadas (hombre, árbol); las abstractas simples (rojo, redondo); las abstractas compuestas (virtud, persuasión, magistratura). Las combinaciones producen distintos efectos, y las palabras producen sensaciones sin necesariamente proveer imágenes, ya que la poesía no es un arte imitativo, sino que describe objetos invisibles, como las pasiones. Un tratado provocador de reflexiones, en esta época en la que priva el mal gusto como emblema de orgullo y superioridad.

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