Casi el Paraíso: Typee, de Herman Melville.

Ilustración de Miguel Covarrubias. live.mortonsubastas.com
La primera novela de Melville nos introduce en una comunidad ya agraria, todavía muy cercana al modo de vida original de los pueblos neolíticos, en medio de una naturaleza exuberante y en un estado de feliz infancia. Pero nada es perfecto...

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TYPEE. Herman Melville. The Heritage Press. New York, 1935 (1846). Introducción de Raymond Weaver. Ilustraciones de Miguel Covarrubias. 409 pp.

La primera novela de Melville, cuya obra culminaría en la mítica Moby Dick, está basada en sus experiencias reales y tiene su propia importancia pues, como dice Weaver, “Melville fue el descubridor literario de los Mares del Sur”, que luego tuvieron influencia en la obra de artistas como Stevenson, Jack London y Gauguin. Aunque noveladas, se trata de sus memorias de ese viaje iniciático. El 3 de enero de 1841, el joven zarpó de Fairhaven a bordo del ballenero Acushnet (el Dolly de la novela), a los 22 años. Quince meses después, el barco llevaba ya seis sin avistar tierra: la comida era escasa y mohosa, y los tripulantes estaban hartos y malhumorados. Para Melville, más educado y de mejor posición social, un elemento adicional de molestia era el carácter grosero y cruel de los otros marineros; odiaba en especial al déspota y violento capitán.

Herman Melville (1819-1891). Wikipedia.

Abrumados por el silencio ensordecedor del mar en calma, por fin llegan a las islas Marquesas, quizá las más remotas del mundo, un lugar salvaje y exótico sólo recientemente visitadas por franceses y misioneros protestantes ingleses. En la bahía de Nukuheva, apenas descubierta en 1791, la nave ancla y pronto recibe la visita de ninfas semidesnudas que bailan y hablan sin parar. Desde luego, la licencia sexual de las islas es un choque para el occidental de esa tierra todavía puritana que eran los Estados Unidos. Pronto, el barco es escenario de una orgía que a Melville le repugna y entristece, pues ve la diferencia en actitudes que resulta en la contaminación de la inocencia por el pervertido y sucio Hombre Blanco. ¡Felices los pueblos que permanecen sin “descubrir”!

Bahía de Nuku Hiva. www.moanavoyages.com

Cuando el capitán, tras muchos ruegos, les permite bajar, Melville ve la oportunidad de escapar, acompañado por su único amigo, Toby, un chico educado, valiente, misterioso y reservado de diecisiete años. Se les advierte que las islas están pobladas por distintas tribus, todas caníbales, entre las cuales los más feroces son los Typee, temibles antropófagos. La fuga resulta terrible y casi mortal. La novela describe el ascenso a las montañas y la bajada por precipicios selváticos y desolados. Son parajes de una belleza indescriptible que aterroriza. Tras varios días sin comida, descubren a unos nativos que los guían a su aldea, donde son rodeados por los habitantes excitados y parlanchines. Encabezados por Mehevi, el jefe que porta un atuendo magnífico y feroz, lleno de plumas, son inspeccionados y llevados a una gran cabaña abierta, donde quedan a cargo de una familia. Kory-kory, uno de los hijos, será el asistente personal – cuidador y celador – de “Tommo” y Toby. Tommo va muy mal, con una pierna hinchada que le duele mucho. Un curandero le da hierbas que alivian momentáneamente el dolor, pero la pierna va empeorando.

Ilustración de Augustus B. Shute. www.artstone.arts.ubc.ca

Melville describe con fascinante detalle la vida en ese paraíso terrenal: no hay ni rastro de antropofagia o de la proverbial crueldad de los Typee, aunque los occidentales temen ser engordados para un festín. Muy poco trabajo basta para sus subsistencia; las chicas son mimadas e inocentemente libertinas y una de ellas, de la familia anfitriona, Fayaway, es la más bella y apegada a Tommo. Entre los bosques tabú, donde no pueden entrar las mujeres, está el templo sagrado, atendido por unos viejos sacerdotes catatónicos. No hay dinero, ni disputas, ni envidias. Todo parece ser felicidad.

Cuando la pierna de Tommo se agrava, es preciso que Toby vaya en busca de un médico francés. Tommo se queda solo, tratado a cuerpo de rey. Un día aparece Marnoo, de otra tribu, pero “tabú”, es decir, intocable, con un estatus privilegiado que lo protege. Habla algo de inglés, pues se coló antes en un barco australiano. Como, tras varias semanas, su pierna mejora, Tommo pide ayuda a Marnoo para que interceda ante el jefe Mehevi y lo dejen regresar, pero éste y los otros jefes se niegan, indignados. Es su prisionero.

Ilustración de Miguel Covarrubias. www.mutualart.com

Forzado a permanecer allí, y ya sin esperanzas de volver a ver a Toby, Tommo se dedica a estudiar el entorno y la sociedad de los aldeanos. No entiende su lenguaje ni su curiosa religión. Moa Artua, su principal dios, es un palo roto envuelto en harapos; como a los demás dioses, le gritan y lo golpean. No parece haber mucha devoción ni coerción religiosa. Tommo es invitado al incomprensible festival de las Calabazas; asiste a funerales y extraños e infantiles ritos con las más curiosas supersticiones. No hay “bodas”, pero sí poliandria y una gran libertad sexual, como disfruta Tommo al retozar alegremente con Fayaway en la laguna. No hay crimen ni comunidad de bienes, por la sencilla razón de que todos tienen lo que necesitan y viven igual de jefes que de comunes.

Ilustración de Miguel Covarrubias. E-Bay

Todo muy bien, pero Tommo quiere volver a casa, ante la negativa de sus cuidadores. Tiempo después, descubre cabezas humanas colgando del techo de la cabaña, y tras una batalla con la tribu vecina, efectivamente presencia el canibalismo ritual. Cuando se escuchan rumores de que Toby ha reaparecido en la playa, llega el momento de huir. Pero no será fácil y requerirá de estratagemas, peleas y penurias, antes de poder zafarse de esos amables, generosos, pero estrictos carceleros. Una de las grandes novelas de aventuras, escrita por un protagonista real observador, de mente abierta y gran narrador.

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