Cien Años de «Ulysses», de James Joyce

Stephen Rea como Leopold Bloom en la película "Bloom" (2003), de Sean Walsh.
El 2 de febrero de 1922, hace cien años y en su cumpleaños 40, James Joyce por fin publicó "Ulysses", la obra que marcó un nuevo desarrollo para la narrativa.

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ULYSSES. James Joyce. Everyman’s Library. New York, 1997 (1922). Introducción de Craig Raine. 1,084 pp.

Después de una existencia errante, tras la Primera Guerra Mundial James Joyce se estableció en París, donde terminó de escribir Ulysses, la cual finalmente pudo publicar gracias a los esfuerzos de su nueva amiga Sylvia Beach, propietaria de la legendaria librería «Shakespeare and Co.».

De acuerdo con la biografía publicada por Richard Ellmann en 1959 y revisada en 1982 (todavía la biografía literaria contra la que se comparan las demás), Joyce nació en 1882, en una familia caracterizada por “celo nacionalista, desconfianza hacia el clero, e ineptitud para los negocios”. Fue el mayor de muchos hermanos, el único que se llevó bien con el padre, de quien repitió muchas conductas: gregarismo, paranoia, alcoholismo y pésima administración. Fue muy cercano a su siguiente hermano, Stanislaus, quien fue su figura paterna a pesar de ser menor y lo siguió a Trieste. El hogar de los Joyce se convirtió en un infierno y varios de los hijos huyeron. En 1904, luego de la primera e histórica cita, el 16 de junio, con Nora Barnacle, huyeron juntos sin casarse. Erraron por Zurich, Pola, Trieste, Roma y luego Trieste otra vez, hasta 1915. Joyce se mantuvo, aunque siempre endeudado, dando clases de inglés. Su vida fue nómada, con más de treinta domicilios y temporadas en hoteles. En 1905 nació Giorgio y en 1907 Lucia. Ésta sería la gran tragedia de su vida, pues era esquizofrénica y, a partir de los 25 años, vivió en hospitales psiquiátricos.

En 1907 se publicó su primer libro, Chamber Music, de poesía. Ese año sufrió una fiebre reumática que le dejó serias consecuencias. En 1912 hizo su última visita a Dublín. Fue “el año más descorazonador de su vida”, aunque no el más traumático. En 1914, justo antes de la IGM, se publicó Dubliners, después de una tortuosa historia editorial. En 1915 tuvo que salir de Trieste por la guerra y se estableció en Zürich. En ese año comenzó a padecer el glaucoma que lo dejaría casi ciego, y empezó a recibir el apoyo decidido, tanto literario, de Yeats, Pound, Eliot y otros, como económico de la incondicional Harriet Weaver, de cuyo dinero malgastó miles de libras.

Entre 1918 y 1920 se fue publicando Ulysses en Estados Unidos, de manera seriada, hasta que un tribunal ordenó la suspensión, que derivaría en un juicio por obscenidad. Tras la guerra se fue a París, y en 1922 Sylvia Beach publicó ahí Ulysses, que lo consagró. El resto de su vida se fue en la laboriosa escritura de Finnegans Wake, en litigios y borracheras, mudanzas y problemas con Lucia. Cuando estalló la IIGM, se tuvo que regresar a Zürich, donde murió en 1941.

James Joyce. www.actualidadliteratura.com

Como muchos clásicos, Ulysses ha corrido con la poca fortuna de ser un libro del que se habla más de lo que se lo lee. Qué duda cabe, es un libro complejo y complicado, pero mucho menos en comparación con la fama que ha adquirido como una obra impenetrable. No lo es. En realidad, la trama es sencilla; lo que la enriquece son los personajes, entrañables, y las audaces experimentaciones con el lenguaje y los estilos. Poca gente sabe que, en buena medida, se trata de una obra con una fuerte dosis de comicidad, si bien una comicidad melancólica y agridulce.

El argumento desnudo se puede resumir en pocas líneas: Joyce describe los caminos que siguen Leopold Bloom y Stephen Dedalus desde que se levantan hasta que se acuestan el 16 de junio de 1904 en Dublín. ¿Qué tiene de especial ese día? Nada, absolutamente nada. Bloom se prepara de desayunar, defeca, atiende asuntos personales, asiste al funeral de Paddy Dignam, vuelve a sus asuntos de trabajo, va a un café, vuelve a trabajar, pasea por la playa, se emborracha con unos amigos, sigue la juerga en un prostíbulo, saca de un lío a Dedalus, lo lleva a su casa y después de despedirlo se duerme. Dedalus despierta en casa de Buck Mulligan, va a dar clases, vaga por la playa después de visitar a unos familiares, va a la biblioteca, por la noche se emborracha con unos amigos, por fin se encuentra con Bloom y siguen la juerga. Al final, ya en la cama, aparece la voz de Molly Bloom, quien en un monólogo célebre rememora su vida y descubre que, a pesar de todo, sigue amando a Poldy.

De acuerdo con Hugh Kenner, autor de una utilísima y breve guía para comprender mejor la obra, Ulysses es la primera novela que se inventa, ad hoc, su propio género: ninguno de los anteriores es útil para navegarla. Crea, también, su propia tradición crítica, por medio de la influencia de Joyce sobre sus primeros críticos, Stuart Gilbert y Frank Budgen, así como sobre Valery Larbaud, con quien acuñó el concepto de “monólogo interior”.

Electric Tram in Dublin, c1906.A street scene showing an electric tram and horse drawn wagons. The Town, Dun Laoghaire, Dublin. (Photo by Past Pix/SSPL/Getty Images)

En los tres primeros capítulos, centrados en Stephen Dedalus, Joyce realiza, por primera vez en la ficción, “el retrato de una sensibilidad única en su ritmo individualizador”. Hasta el capítulo 10, Ulysses es una novela más o menos convencional, con al añadido, aún tímido, del monólogo interior. A partir del capítulo 11, “Sirenas”, Joyce introduce otra cualidad nueva en la ficción: un narrador diferente (“The Arranger”, lo han llamado algunos críticos). No es la voz del escritor; no es, de hecho, una “voz”, puesto que no habla, no se dirige a nadie. “La historia del día de Bloom no es ‘dicha’, sino ‘actuada’ por palabras dispuestas sobre la página”. Quizás sea Dublín.

Prácticamente cada escena es narrada por lo menos dos veces (el concepto de parallax es crucial en la novela), y al variar lo que cuenta y enfatiza, Joyce se asegura de que la repetición, en vez de diluir, intensifique. “El extraño libro de Joyce no tiene un aspecto más extraño que este: el que ninguna interpretación comprehensiva sea imaginable”. “Su universo es einsteiniano, no simultáneo, internamente consistente, pero imposible de captar en un solo acto de aprehensión”. La influencia de Einstein es importante, al eliminar la separación entre objeto y sujeto: “es esta complicidad con nuestra colaboración, esta simbiosis entre el observador y lo observado, lo que indica la radical novedad de Ulysses”.

Mapa de Dublín en 1904. www.irishhistory.com

Esta descomunal obra es un desesperado intento por atrapar el presente que constantemente se esfuma; el presente exterior e interior de las personas. Ulises es un testigo absoluto de todo lo que ven, oyen, sienten, huelen, piensan, desean y dicen los personajes. Busca el efecto de la simultaneidad, trata de ser un registro fiel y absoluto de todo lo que pasa por el cuerpo y la mente del personaje. ¿Significados? ¿Símbolos? ¿Interpretaciones? Infinitos. Es un libro que deja la molesta sensación de haber pasado en blanco, de que no aprehendimos nada de él, de que no retuvimos los pasajes: la misma sensación que deja el paso del presente.

Como obra literaria es incomparable: utiliza a su gusto el lenguaje, los símbolos, la sintaxis, los pronombres, el tiempo, todo, para describirnos a fondo lo que le pasa a una persona en un día común y corriente.

Mención aparte merece el último capítulo, el monólogo de Molly, la mujer de Bloom, 50 páginas sin un solo punto, reflejo fidelísimo de lo que piensa y recuerda una mujer entre dormida y despierta, que hay que leer forzosamente de un tirón, resumen de toda su vida y de su relación con Bloom.

Hay que tener presente la obra de Proust cuando se piensa en la de Joyce. Proust busca recuperar (¿recrear?) el pasado ya ido, Joyce busca capturar el presente antes de que se convierta en pasado.

Es un libro apabullante, desesperante y, sobre todo, admirable, producto de una mente neurótica-genial. Es uno de los libros que más me han impactado e influido y, sin duda, uno de los más importantes de toda la literatura universal, porque llega hasta horizontes insospechados de la creación, experimentación y profundidad literarias.

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Comentarios del artículo

9 comentarios

  1. Gracias por esta biografía de Joyce y opinión de Ulises, libro que cómo bien dices, más comentado que leído, cómo es mi caso, tampoco he leído pero si comentado en platicas es En busca del tiempo perdido, leyéndote antes de llegar a tú comentario también pensé en cierta relación, en la búsqueda y permanencia del pasado con Proust o presente con Joyce, siempre muy interesantes tus lecturas. Gracias

  2. Gran, gran reseña. Logras transmitir la complejidad de la obra sin diluir, tú tampoco, tu enfática invitación a hacer a un lado el miedo a su impenetrabilidad y leerla, disfrutarla.
    Algo que parecemos olvidar quienes sucumbimos a ese temor, es que Joyce es esencialmente el mismo autor del Retrato de un Artista Adolescente y Dublineses que, entre muchas otras cualidades, tienen precisamente el ser muy disfrutables.

    1. Las ganas que transmites de saltar hacia el mundo de Leopold, Stephen y Molly, obviamente abarcan las de releer el Retrato del Artista Adolescente y, algún día, incluso Finnegan’s Wake. Muy buena sugerencia leer antes de Ulysses a Hugh Kenner, para no perder el entusiasmo en un intento muy fallido ; )

  3. Siempre he sido lectora como sabes, pero si no lo fuera tus reseñas me acercarían sin duda al mundo de la literatura. No comento en todos pero todos los leo. Mi admiración a tus letras.

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