El Final de la Edad Media: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo

Notre Dame de Paris, 1640, unos dos siglos después de la acción de la novela. www.smarthistory.org
La imprenta significó el fin de la Edad Media, como lo explica el villano de esta obra mágica.

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NUESTRA SEÑORA DE PARÍS. Víctor Hugo. Alianza Editorial. Madrid, 2008 (1831). 701 pp.

La historia ocurre en 1482 y 1483, cuando París se centraba, como ahora, en la Ile de France, bordeada por el Sena, donde se erige la maravillosa catedral de Notre Dame de Paris, obra del pueblo, los años y la arquitectura gótica. La obra comienza con un festival popular en el que Quasimodo es coronado como Rey Feo. Quasimodo es una criatura deforme: jorobado, sordo, tuerto, pero poseedor de gran fuerza física. Abandonado a los cuatro años a la puerta de la catedral, fue adoptado por Claude Frollo, archidiácono de la catedral, un hombre noble con historia trágica y un hermano menor que, a pesar de haber sido amado y cuidado en su orfandad, lo traiciona con su comportamiento licencioso y criminal. Frollo odia a las mujeres, y en particular a la pequeña gitana Esmeralda, un jovencita hermosísima y bondadosa que, con su cabrita blanca, canta, baila y hace suertes, escandalizando a Frollo y a las buenas conciencias. La noche de la fiesta Quasimodo, instigado por su amo Frollo, intenta raptar a Esmeralda, pero un capitán de la guardia la rescata. Quasimodo es arrestado y llevado a una plaza, donde es torturado y vejado por la chusma, que lo odia por su deformidad y su carácter huraño y hostil. A pesar del intento de rapto, Esmeralda es la única persona que muestra compasión, dándole un poco de agua al torturado. Esto le gana su devoción eterna. La historia prosigue con las aventuras y sucesos que ocurren a los personajes. Esmeralda se ha enamorado perdidamente del capitán que la rescató, Phoebus de Châteaupers, pero éste se halla prometido a su prima, rica y pretenciosa. Mientras tanto, Frollo se sumerge en la práctica de la magia negra y las artes ocultas, y traba relación con un misterioso alto prelado.

Welsh actor Anthony Hopkins as Quasimodo in the film ‘The Hunchback of Notre Dame’, aka ‘Hunchback’, 1982. Here he wears a crown and sceptre as ‘The King of Fools’, a sign of mockery. (Photo by Keith Hamshere/Getty Images)

Hugo intercala capítulos magistrales sobre la historia de la catedral y la descripción del París medieval. Frollo explica a sus azorados interlocutores cómo y por qué la imprenta significará el fin de la arquitectura, al menos como arte. “El libro va a matar al edificio”, dice, porque la imprenta es “el mayor acontecimiento de la humanidad. Es la revolución madre”. Antes de la imprenta, las iglesias podían controlar el pensamiento y la expresión. La gente se expresaba en la arquitectura, al participar como artesanos en la construcción de los edificios públicos, obra del pueblo. No más: el libro permitirá una vía de expresión más clara y contundente. Fluida, eternamente cambiante, a partir de ahí la literatura será el medio más diáfano de expresión. Nosotros sabemos que precipita el fin de la Edad Media y el principio del Renacimiento y la Modernidad.

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Frollo se sume en la amargura y en su terrible frustración sexual: odia a Esmeralda porque la desea sin límites. El capitán Phoebus también desea a Esmeralda y la cita en una casa que presta ese servicio. No sabe que Frollo acecha en el cuarto vecino. Phoebus le jura amor a la inocente y cuando la tiene desnuda Frollo, loco de celos, entra y lo acuchilla, huyendo después. Esmeralda es acusada y condenada a muerte, a pesar de que Phoebus sobrevive. Pasa meses en un calabozo y un día la trasladan a otra celda, donde Frollo le ofrece salvarla si accede a ser suya. Ella se niega, asqueada. El día de la ejecución, Quasimodo la rescata y la esconde en la catedral, lugar inviolablre. Frollo la hostiga y acecha, pero Quasimodo se rebela y la defiende. Los amigos de Esmeralda, los gitanos, delincuentes y desposeídos, van a “rescatarla”, pero Quasimodo, creyendo que la quieren linchar, defiende su fortaleza. En un palacio vecino, el rey Luis XI es advertido y manda a la tropa, que toma la catedral y casi a Esmeralda, pero Frollo la rescata y una vez más le pide que sea suya. Ella se niega y huye. Se apoya en la pared y es insultada por una demente, que odia a las egipcias…

Esmeralda. Grabado de Gustave Brion. www.meisterdrucke.es

Así la historia se aproxima a su frenético y trágico final. Literatura imposible ya, “Nuestra Señora de París” es un prodigio de imaginación, de recreación de un mundo ido, de obra integral que articula la historia, el poder político y eclesiástico, la sociedad toda, desde los ricos nobles y burgueses hasta la escoria miserable y delincuencial, repleta de personajes únicos que, sin embargo, son fiel reflejo de su lugar y época. A pesar de ser una historia sombría y desoladora, Hugo la narra con un tono épico, no sociológico, y por lo tanto la hace entrañable y no sórdida (¡lo que hubiera hecho Dostoievski con este material!). Historia emblemática de la cultura occidental, es mucho más que una anécdota, al incluir toda una reflexión sobre la época: arquitectura e imprenta, sociedad en cambio, urbanismo y sociedad.

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