Herencias y andanzas: Spinoza en el Parque México, de Enrique Krauze.

Parque México, foto de Meoldy May. www.parquemexico.com.mx
Las memorias de personajes destacados de la cultura son ventanas privilegiadas a la historia, más allá de la política (aunque ésta se introduzca, para bien o para mal, en la cultura). Es de celebrarse que Krauze deje su testimonio.

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SPINOZA EN EL PARQUE MÉXICO. Enrique Krauze. Tusquets. México, 2022. 733 pp.

Por medio de conversaciones con José María Lassalle, Krauze traza su biografía intelectual, sobre todo en su estudio de la calle de Ámsterdam, con su biblioteca judía, y en su casa de Cuernavaca con el resto de sus libros. Algo muy importante es que, a pesar de no ser judíos ortodoxos ni mucho menos, sino más bien socialistas sus padres y abuelos, de todas formas la herencia cultural del judaísmo es central en su vida, una presencia constante en su propia deriva intelectual e íntima. Con ese trasfondo, la historia de su vida ilustra las décadas del priísmo clásico, con sus luces y sombras, en las que creció la carrera de Krauze como impresor, empresario cultural, activista por la democracia, historiador y ensayista. Por su vida desfilan muchos de los grandes personajes de la cultura en México y el mundo, ofreciéndonos así una ventana a décadas de grandes logros culturales, represión astuta, rivalidades y grupos, además de la evolución política de México.

Foto de Manolo Garza. www.parquemexico.com.mx

Creció alrededor del Parque México, en la colonia Condesa de la Ciudad de México, que en ese tiempo albergaba a buena parte de la comunidad judía. En la primera sección, “Origen y formación”, relata la historia de sus abuelos y padres, su llegada a México, la personalidad e intereses de cada uno, y la vida cotidiana en ese barrio y en el Colegio Israelita. A todos los retrata con cariño, dejando una estampa familiar de esa comunidad, pero se centra sobre todo en su abuelo Saúl Krauze, un gran personaje, sastre y bonetero socialista, quien en el Parque México predicaba a sus amigos la filosofía de Spinoza, figura intelectual tutelar luego, también, del nieto. Así pues, Krauze se cría entre socialistas judíos. Socialistas, que no comunistas o anarquistas, y de ellos hereda Krauze sus primeras convicciones,  reacias a la revolución, posición luego reforzada con su lectura de la trilogía de Isaac Deutscher sobre Trotski. De hecho, en los años de 1950 y 1960, “no había lugar intelectual fuera de la izquierda”.

En 1965 entró a estudiar ingeniería en la UNAM, y fue ahí donde descubrió a México. Su noviazgo con Isabel Turrent lo introdujo en un hogar de la clase media mexicana. Se doctoró en historia en el Colmex, al tiempo que se desarrollaban las luchas estudiantiles y sus consecuencias, tanto buenas como malas, y mientras trataba de levantar las empresas de impresión de su padre, tarea angustiosa, larga y muy instructiva sobre el mundo del pequeño empresario y de los obreros, que tantos izquierdistas desconocen por completo.

Redacción de la revista Vuelta. www.milenio.com

Despega entonces su trayectoria intelectual; con la lectura de Popper toma distancia crítica de las ideologías, y el estudio de la historia lo aleja de los determinismos, como él lo dice: no hay leyes en la historia, no es posible profetizar nada, “lo importante… es comprender el sentido de los hechos”. Era cuestión de tiempo que se acercara al liberalismo. Son años de amistades intelectuales (J. M. Pérez Gay, Pacheco, Monsiváis, Hiriart, Aguilar Camín), del descubrimiento de su tema central, la Revolución y el México moderno, de nuevos guías intelectuales y, luego, de alejamiento de los amigos dogmáticos.

“Historiador y editor” parte de su tesis doctoral, Caudillos Culturales de la Revolución Mexicana, y luego la invitación a ser secretario de redacción de Vuelta, un punto de quiebre. Esta sección recapitula el andar intelectual de Paz y sus revistas, con todas las polémicas y personajes de esos años; entre estos últimos, además de Paz, se explaya sobre Gabriel Zaid y Alejandro Rossi. Deja además un retrato de su relación con Paz y cómo era trabajar con él. Vuelta , desde luego fue la tribuna privilegiada que le dio a Krauze acceso directo a buena parte de los principales intelectuales del mundo. Fue ahí donde tomó el impulso para seguir con Letras Libres y la editorial Clío, así como para participar en las intensas luchas entre los (muchos) izquierdistas, dogmáticos o pragmáticos, y los (pocos) liberales, siempre acusados de “derechistas”, burgueses, clericales o de plano fascistas, por resistirse a condonar los crímenes de la URSS, Cuba, etc.

www.dondeir.com

“El libro que no escribí” abunda en su relación con la cultura de su familia. Ese libro hubiera sido La Historia de los Heterodoxos Judíos, y hubiera sido una maravilla tenerlo. Pero hubiera necesitado otra vida. Por lo menos, deja este fascinante recorrido por el elenco básico de tal heterodoxia. Y por último, “Biblioteca personal” dibuja la columna vertebral de su pensamiento: Scholem, Benjamin, Kafka, Weber, Toller, Lukács, Marcuse, Arendt, Berlin, Kolakowski… Un testimonio fundamental sobre las últimas ocho décadas.

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