¿Por qué estás triste?: La Melancolía Moderna, de Roger Bartra.

Melancolía I. Grabado de Alberto Durero, 1513-14. Wikipedia.
"Melancolía" no es exactamente lo mismo que "depresión", pero en cualquier caso estas condiciones psíquico-emocionales tienen mucho que ver con el entorno histórico en el que se desarrolla la persona. Bartra explora aquí las circunstancias de la modernidad.

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LA MELANCOLÍA MODERNA. Roger Bartra. Siglo XXI. México, 2025 (2017). 98 pp.

Desde hace algunos años, Bartra ha concentrado su vasta erudición en el estudio de dos fenómenos culturales distintos pero, en algunos aspectos, conectados: el “salvaje” como espejo y punto de referencia del humano “civilizado”, y la melancolía, que en su faceta más extrema conocemos hoy como “depresión” y antes se conoció como “neurastenia”.  Aunque se confiesa no melancólico por temperamento, o quizás gracias a ello, examina esta condición desde una saludable distancia, utilizando además su formación como antropólogo y sociólogo. En esta obra se enfoca, justamente, en la idea y desarrollo de la melancolía tras la Edad Media, con la creciente urbanización y complejización de las sociedades.

Desde la erosión del clan, de la sociedad tribal de comunidades más o menos cerradas que giraban alrededor de la familia y la aldea, hemos pasado a las grandes aglomeraciones de individuos que tienen mayor libertad, pero también más soledad. Esta “jaula abierta” permite escapar de las constricciones de la comunidad entrometida, pero también permite que lleguen nuevas amenazas para la persona y su integridad emocional. Es, así, una época de confusión o, como la llama Byung-Chul Han, “la sociedad del cansancio”. Hiperinformación, hastío, desilusión con la democracia, o la “trampa de la confianza” en la seguridad.

Roger Bartra (1942). www.pre-textos.com

Con Gumbrecht, contrapone la “cultura de la presencia” (lo tangible, las estructuras estables, la identidad espacial), con la “cultura del significado” (lo disperso y simbólico que exige una interpretación constante para dotar de significado al mundo). El hecho es que vivimos en un terreno fragmentado y lleno de incoherencias, un presente ancho con tozos de pasado y de futuro: “Pareciera que la condición melancólica surge con gran fuerza en la cultura cuando con el transcurrir del tiempo se derrumban los valores tradicionales y se pierde el sentido de la historia”. El Renacimiento y la pérdida de la solidez medieval dio origen a la melancolía como un motivo concreto del arte (como lo puso de manifiesto, entre otros, Durero). Tras el optimismo racionalista de la Ilustración, en el Romanticismo surgió la melancolía, o “la felicidad de estar triste”, como un lamento por la modernidad.

Francisco de Zurbarán. «Meditación de la Magdalena», siglo XVII. Wikipedia.

Si esto quedó muy claro en la literatura y la música, que permiten una gran introspección, no ocurrió así en la pintura, arte esencialmente proyectado, expresado “hacia afuera”, con excepciones notables como las representaciones de María Magdalena (Gentilleschi, Zurbarán) o las cárceles imaginarias de Piranesi.

La conceptualización del fenómeno se profundizó con Kierkegaard y su “melancolía existencial”: la melancolía como forma de vida, la condición más apropiada para sumergirse en la vida moderna. Esta bendición, su “más fiel amante” y confidente, fue “una piedra clave en el arco del individualismo moderno… pero también, paradójicamente, un poderoso recurso para soportar las fracturas, los absurdos y las angustias del mundo”.

Tocqueville expresó el efecto de la democracia sobre la autoimagen del individuo: “Cuando la desigualdad es la ley común de una sociedad, las más fuertes desigualdades no saltan a la vista; cuando todo mundo se encuentra más o menos nivelado, las mínimas desigualdades la hieren. Es por ello que el deseo de igualdad su vuelve cada vez más insaciable a medida que la igualdad es mayor”. Creo que esto está muy claro en el caótico mundo contemporáneo, lleno de insatisfacción creciente a medida que adquirimos más derechos y canales para la expresión.

Cárcel imaginaria de Piranesi, s. XVIII. www.lapiedradesisifo.com

Citando las depresiones de Lincoln y las manifestaciones poéticas de Poe, Verlaine y Baudelaire, llega a la conclusión de que “debemos comprender que en el centro de la modernidad late un malestar profundo que se expresa como melancolía”. El norteamericano William James intentó un pragmatismo pesimista: “la contradicción entre la experiencia de vivir en un mundo inseguro y la necesidad pragmática de actuar como si no lo fuera”. No todo mundo, desde luego, lo logra.

Bartra va abundando en muy distintas encarnaciones de lo melancólico: la pérdida del objeto amado (Munch, Strindberg, Bergman); las soledades urbanas (Defoe, De Chirico, Edward Hopper y su solipsismo sexual); el “perro negro” de Churchill; o las ideas de Jean Clair: “la conciencia de que ninguna norma o ley general puede volver a ensamblar los estallidos dispersos de lo visible”. La segunda posguerra agravó el problema, con el existencialismo de Beckett y Sartre, que ya tenía raíces en Leopardi y su desfogue en la poesía. Pero también ha habido en la modernidad pensadores antimelancólicos, como Hume (razón, socialización) o Tolstoi (religión, renuncia del placer). La melancolía es, sin duda, un fenómeno que hay que entender.

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