«Porque todo se ha hecho y hace a mi costa»: Cartas de Relación, de Hernán Cortés.

Caída de Tenochtitlan. www.eluniversal.com.mx
"Pero como sea todo para el servicio de de vuestra cesárea majestad, si mi persona juntamente con ello se gastase, lo tendría por mayor merced y ninguna vez se ofrecerá en que en tal caso yo la pueda poner que no la ponga".

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CARTAS DE RELACIÓN.             Hernán Cortés. Tomo. México, 2008 (1523-1525). 394 pp.

Hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, un tal Garci de Holguín, capitán de uno de los bergantines españoles en la laguna que rodeaba Tenochtitlan, apresó una barca en la que se encontraba Cuahtémoc. De inmediato cayó la ciudad imperial, tras 75 días de cruento asedio. Así, el terrirorio mexica pasó a engrosar, junto con el de los aliados de Cortés, el imperio transcontinental de Carlos V (I de España), destinatario de las diversas cartas que, entre 1519 y 1534, el conquistador le envió, dándole cuenta de sus actos. Propiamente dichas, las “cartas de relación” son cinco, aunque existen por lo menos otras ocho, más breves, en las que trata asuntos más delicados y resume el contenido de las otras (quizá muy largas para el atareado emperador). Se comenzaron a publicar muy pronto: para 1525 las cartas 2, 3 y 4 ya se conocían (la primera no se imprimió sino hasta 1842, y la 5 apareció en alguna de las ediciones posteriores a 1525). La historia que cuentan es muy conocida e historiadores profesionales las han analizado, corregido y matizado: no son “historia” con la mínima intención de objetividad, sino apologías astutas e interesadas, lo cual no necesariamente quiere decir mendaces o torcidas; son la visión de Cortés sobre su empresa y papel en ella, y por lo tanto documentos del mayor valor.

Hernán Cortés. www.wikipedia.com

Se le pueden criticar a Cortés muchas cosas, pero no carencia de valor, audacia (incluso temeridad), astucia y suerte. Porque Cortés fue un hombre con una suerte inmensa, de la cual, es cierto, supo sacar el mayor provecho. Fue un líder en toda la extensión de la palabra, sin las cursis connotaciones actuales de autoayuda. Éticamente, qué duda cabe, desde nuestros conceptos actuales su “hazaña” es reprobable: por la fuerza se apoderó de numerosas entidades políticas y sociales, sin ningún derecho. Pero es un tanto ingenuo y muy poco esclarecedor hacerle reproches a un aventurero del siglo XVI. Vivió en la época en que vivió. Destruyó pueblos enteros, borró culturas, provocó muertes violentas, enfermedades horrendas y sufrimiento extremo. Por otra parte, liberó a muchos otros pueblos de una tiranía sangrienta y totalitaria. La guerra no la ganó Cortés solo, ni mucho menos; sin el apoyo masivo, proactivo y aun más cruel que su esfuerzo, de los tlaxcaltecas y otros pueblos, jamás hubiera sometido al imperio mexica. Esa fue su principal suerte: llegar a un lugar severamente dividido por odios irreconciliables, y ser recibido por las partes subversivas. Pero su papel es indispensable: proveyó unidad, coordinación, estrategia y táctica, tecnología (como los bergantines) e independencia de liderazgo hacia las facciones.

Representación de Moctezuma II, de finales del siglo XVII. www.wikipedia.com

Hasta donde se puede saber, no era un sádico, sino un estratega que sabía cuándo aplicar el máximo rigor, y cuándo detenerse. Todo indica que él hubiera querido conservar Tenochtitlan y su gobierno e instituciones (como títere suyo, sin duda, pero sin tanta destrucción), con excepción de los ritos religiosos y otras prácticas inaceptables. No fue posible, porque los líderes que sucedieron a Moctezuma adoptaron una posición maximalista, comprensible desde el punto de vista del honor y la dignidad, pero a final de cuentas devastadora.

La primera carta de relación que se lee hoy no es la original de Cortés, que se perdió, sino otra elaborada (presumiblemente con su aval) por el cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz. Está fechada el 10 de julio de 1519 y comienza por describir los antecedentes del descubrimiento de las costas hoy mexicanas. El objetivo es desacreditar a Velázquez y demostrar la legitimidad y apego a derecho de la toma de posesión del territorio, del nombramiento de oficiales y de la fundación de la villa. Pide que se enjuicie a Velázquez y se le extiendan nombramientos reales a Cortés.

Baltazar Vellerino de Villalobos, Vista del puerto y fortaleza de San Juan de Ulúa, copia de Manuel Orozco y Berra. 1592-1857. www.noticonquista.unam.mx

La segunda está fechada el 30 de octubre de 1520, en Segura de la Frontera (Tepeaca, Puebla). Relata el comienzo de las alianzas con Cempoala y Tlaxcala, la confusa matanza de Cholula, su entrada a Tenochtitlan, el apresamiento de Moctezuma, la lucha contra Pánfilo de Narváez, la desastrosa huida (la “Noche Triste”) y el reagrupamiento en Tepeaca. No obstante, da seguridades a Carlos V sobre su triunfo final (algo que, desde luego, pudo muy bien no haber ocurrido). Lo que más sorprende de estos episodios es la actitud de Moctezuma: ¿pusilánime o visionario? Quizá nunca se pueda emitir un juicio indiscutido.

La tercera está fechada el 15 de mayo de 1522 en Coyoacán (en una carta anexa le recuerda que no ha recibido respuesta a las anteriores). Reanuda la relación en Tepeaca, de donde parte a Tenochtitlan, vía Cholula y Tlaxcala, con refuerzos y habiendo recuperado fuerzas. Destaca la construcción de los trece bergantines y la propagación mortal de la viruela. Una vez establecido en Texcoco, Cortés distribuyó sus tropas, dio la vuelta a la laguna y, el 30 de mayo de 1521, comenzó el asedio. El relato de éste es pormenorizado, fascinante y espeluznante; no omite mencionar sus problemas y derrotas (como la de Tlatelolco). Termina con el recuento de la llegada y derrota de otro oportunista, un tal Cristóbal de Tapia.

www.historiadelnuevommundo.com

La cuarta es del 15 de octubre de 1524, en “Tenochtitlan” (que no existe más). Relata la segunda etapa del proceso, las conquistas en Michoacán, Oaxaca, Pánuco, el Soconusco, Chiapas y Guatemala. Un gran desafío es la llegada a Pánuco de Francisco de Garay, gobernador de Jamaica, quien reclama el mando supremo de las fuerzas españolas. Con su increíble suerte, Cortés recibe justo entonces las “provisiones reales” que lo ratifican y desautorizan a Garay (el cual, para mayor suerte, tiene a bien morirse de repente en Coyoacán). En esta carta, Cortés ya se queja de las intromisiones de funcionarios reales, llegados para “poner orden”, pero más frecuentemente para calumniar a Cortés y tratar de medrar con hazañas ajenas. Al parecer, son mucho más crueles que el propio extremeño.

En una carta anexa, de una audacia increíble, rayana en la insolencia, Cortés le explica las razones, por lo demás, muy lógicas, por las cuales se rehúsa a cumplir sus órdenes en lo concerniente al “libre comercio y contratación” entre españoles e indígenas (por la pésima calidad moral de la mayoría de aquéllos, crueles y disolutos), a la prohibición de las encomiendas, la tributación de los indios (que no tendrían con qué pagar), la democracia municipal (que resultaría en nepotismo y corrupción) y las intromisiones contraproducentes de burócratas ignorantes y recién llegados (que se deben limitar a cobrar el quinto real). No muchos se atrevían a hablarle o escriibrle así a Carlos V. Se queja amargamente de todos los gastos en que ha incurrido; la indirecta es muy directa: la corona no ha financiado un centavo de la conquista.

Carlos V. www.elregio.com

La quinta, del 3 de septiembre de 1526, es la más interesante por menos conocida (su tema no suele incluirse en la educación básica). Es el relato extenso, detallado y horrorizante de la atribulada expedición a Las Hibueras (Honduras), una travesía infernal en el trópico inclemente (durante la cual ahorca a Cuauhtémoc), hostigado además por numerosos impostores y corruptos provenientes de Cuba y La Española. Cuando, tras muchas penurias, logra regresar, se encuentra con juicio de residencia y destitución de su cargo. Naturalmente, hace una defensa exhaustiva de sus invaluables servicios a la corona; ofrece renunciar pero, acto seguido, tienta al rey con sus nuevos proyectos, que sólo él es capaz de concretar (y es muy posible que así fuera). El resto de las cartas son quejumbres y reclamos por la injusticia con que, en efecto, se le trata.

Estas cartas, además de una lectura de un interés enorme, son placenteras por la buena prosa de Cortés. Es admirable la mezcla de audacia y tacto con que presenta su caso a un monarca lejano y no muy brillante. Todo mexicano debería leerlas.

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Comentarios del artículo

6 respuestas

  1. El día que admitamos que Moctezuma y Cortés son los autores de esta nación mestiza que es México, admiremos el temple y visión del primero, más la valentía y arrojo del segundo y dejemos atrás las visiones maniqueas y simplistas que nos alejan del conocimiento y nos acercan al fanatismo, ese día México será la nación que estamos destinados a ser. Heredera legítima de dos grandes civilizaciones y sus respectivas contradicciones. Concuerdo, es necesario que todo mexicano lea las cartas de relación y otras historias de la conquista que trasciendan el victimismo estéril.

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