- The Ambassadors, de Henry James (1903)
Una novela sobre la sutil perversión – o liberación – que ejerce Paris, la deliciosa París de la Belle Époque, sobre un joven heredero de Nueva Inglaterra y sobre el pretendiente de su madre, el cincuentón Strether, un hombre reprimido y tímido que es enviado a traer de vuelta a la oveja descarriada. Pero Strether se enamora de París, de Chad y de un par de mujeres. Y, por supuesto, no conseguirá su propósito. Por el contrario, trabajará en contra del mismo. Es una disección despiadada – y escrita en un lenguaje de una elegancia y perfección increíbles – sobre los deseos íntimos que muchos reprimimos. Detrás de la elegancia del lenguaje, de los salones parisinos y los vestidos de seda, cosas terribles están pasando: traiciones, delaciones, alianzas inconfesables, seducciones y adulterios.

2. En Busca del Tiempo Perdido, de Marcel Proust (1913-1927)
Una de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos, enciclopédica, mordaz, nostálgica, filosófica, sexual, espiritual e intelectual, tiene capítulos cruciales desarrollados en Balbec (Normandía), en Illiers-Combray e incluso en Venecia, pero se centra en París la mayor parte del tiempo. A lo largo de las siete novelas que la componen, la obra explora los rincones del Faubourg Saint-Germain, los salones de la alta sociedad, pero también los tugurios sórdidos donde, durante la Primera Guerra Mundial, el barón de Charlus busca sus extraños placeres. La ciudad es el envoltorio dentro del cual se desarrolla la tragicomedia de los celos, el deseo, la frustración, la añoranza y, en una novela final magistral, la recuperación del tiempo perdido. No es casualidad que la obra maestra sobre la memoria se desarrolle en una ciudad inolvidable.

3. The Razor’s Edge, de Somerset Maugham (1944)
Larry, un joven de Chicago que ha sufrido una experiencia traumática en la I Guerra Mundial, se rehúsa a volver a la vida clasemediera y convertirse en ejecutivo de finanzas. Así que vive en París estudiando y leyendo, buscando el sentido del bien y del mal. Su novia Isabel, una mujer guapa, refinada y ambiciosa, viene a buscarlo para llevárselo, pero éste persiste en su determinación y rompen. Diez años después, se reencuentran en París y enfrentan decisiones difíciles. Esa París de los 1920 y 1930, decadente y vivísimo a la vez, con sus cafés cantantes, mariposas nocturnas, reflexiones filosóficas y noches húmedas, manifiesta otra faceta de la gran ciudad.

4. Rayuela, de Julio Cortázar (1963).
El artefacto literario cuenta (más o menos) la historia de los amores, por llamarlos de algún modo, de Oliveira y la Maga por todo París. A veces solos, a veces en compañía de su variopinta, multinacional y malquista pandilla, una bola de pseudo-intelectuales que escuchan jazz, beben de más, hablan de literatura y filosofía y se coquetean mutuamente. Una de las novelas del siglo XX que recuperaron y actualizaron la tradición del XVIII, es más bien heredera de Tristram Shandy, mezclada con la picaresca española del Siglo de Oro y con un toque del desencanto y las neurosis predominantes en el siglo terrorífico y maravilloso, el XX. Escritura definitoria de su década, los 1960, y del llamado “Boom” latinoamericano, Rayuela es un festín de la palabra y las imágenes circenses. Es una de esas novelas en las que el lenguaje opaca hasta cierto punto a los personajes, aunque Oliveira alcanza a sacar la cabeza y definirse en el marasmo verbal y el torbellino emocional que lo ahogan.

5. En el Café de la Juventud Perdida, de Patrick Modiano (2007)
Relato de la vida de Louky, una jovencita parisina hija de una trabajadora del Moulin Rouge. La novela utiliza las voces de varios narradores: ella misma, un hombre que la conoce en un café, un estudiante que se prenda de ella y un detective que la busca a petición de su esposo. Por medio de sus testimonios entrevemos el discurrir de su vida: una niña solitaria que se escapa por las noches para vagar por el barrio, que conoce a una mujer que la introduce en el bajo mundo, que consigue un trabajo y se casa con su jefe, y que finalmente desaparece misteriosamente. El París bohemio de los 60 queda retratado en toda su gloria y miseria.


2 respuestas
Excelentes reseñas. Gracias Memo.
Excelente la cultura siempre de paris, buenísima reseña