EL ESPÍA DEL INCA. Rafael Dumett. Alfaguara. Lima, 2022. 939 pp.
Muchos países tienen su Guerra y Paz: una novela grande, en ambos sentidos del término, de aliento épico, que retrata el nacimiento de la nación o un momento de ruptura y renovación, tanto para bien como para mal, y además un gran fresco histórico que pinta un panorama amplio y profundo en el que personajes reales y ficticios, de todas las capas sociales, interactúan, con frecuencia en situaciones límite. Me parece que es el caso de esta épica peruana que retrata, desde el punto de vista de los conquistados, la decadencia del imperio Inca y la llegada traumatizante de los españoles. A lo largo de varios años, somos testigos de esa invasión violenta, que sacudió una sociedad en crisis, en su momento de mayor debilidad: la conjunción de un descontento generalizado con el dominio incaico, con una guerra intestina, dinástica, en la que se enfrentaban dos príncipes herederos, ambos indignos de la gloria política y militar de sus ancestros.
Cabe destacar que el protagonista principal – pues está lejos de ser el único – no es inca ni su lengua materna es el quechua, sino que es chanca, es decir de una etnia asentada en los Andes centrales, al norte del área principal de los incas y su capital, Cuzco. Su nombre original es Yunpacha, pero luego se llamará Oscollo Huaraca y finalmente Salango. Dada la extensión y complejidad de la novela, sería farragoso enumerar las peripecias de este y los otros personajes, pero se puede hacer un esbozo general de la trama.

Al comienzo, Salango recibe a un forastero que le trae un quipu. Por cierto, los quipus son el eje simbólico de la novela, el ubicuo medio de comunicación, un sistema de “escritura” a partir de nudos en cuerdas de distintos colores y texturas, que representa el cemento cultural del imperio Inca. Salango ha perdido a su esposa e hijos, víctimas del Mal (quizá la viruela), que a él mismo lo ha dejado desfigurado. El quipu le informa que el Inca Atahualpa, rey triunfante tras derrotar a su hermano Huáscar, ha sido capturado por los invasores y se encuentra preso en Cajamarca, al norte del actual Perú, y no muy lejos del exilio actual de Salango, en la costa de lo que hoy es Ecuador. Le instruye presentarse en esa ciudad, donde tendrá como misión infiltrarse como sirviente del inca y preparar su rescate. Su superior inmediato, y encargado de la operación, es Cusi Yupanqui, el siguiente protagonista en importancia. Es un antiguo amigo de los años de formación, experto espía y jefe militar.

En capítulos alternos que van y vienen del presente al pasado, vamos recorriendo las infancias y juventudes de estos y otros personajes; los hitos históricos de cada momento; las crisis en la sucesión dinástica; las guerras de conquista, por los incas, de los innumerables y distintos pueblos de los Andes y del largo litoral del Pacífico; y las particularidades culturales de cada uno de esos pueblos. Vida cotidiana, religiones, lenguas, comida y vestidos, cultura y cosmovisión: todos esos elementos se conjuntan, con maravilloso detalle, para darnos una idea de ese mundo a punto de fenecer.
Por otro lado, la novela relata la aventura de los españoles: su angustioso progreso desde Panamá a la costa hoy ecuatoriana, para luego avanzar sobre el Perú. En estas etapas, nuestro informante es Felipillo, un manteño (costa de Ecuador) que existió y que, aún niño, fue capturado por los españoles y convertido en intérprete (bastante deficiente) tras ser bautizado. En el encierro de Atahualpa en Cajamarca, Felipillo será convencido por Salango de convertirse en informante, con el fin de preparar el operativo. El problema es que, por razones inescrutables, Atahualpa se rehúsa a ser rescatado: tal parece que su psique se ha derrumbado, con un fatalismo que recuerda inquietantemente al de Moctezuma.

Así, esta misión imposible es la triste culminación de un periplo vital asombroso, pero nunca inverosímil. Si acaso, resulta un tanto fantástica la conversión del pequeño pastor de llamas, Yunpacha, en un genio matemático tras ser golpeado fuertemente en la cabeza por una piedra. Este hecho sella el destino del chico, quien es fichado por el servicio secreto de Huayna Cápac, el gran rey padre de Atahualpa. Usco Huaraca, “el hombre que cuenta”, es un alto funcionario mal visto por la élite por ser extranjero – chanca, como Yunpacha -, encargado de reclutar tropas y cobrar tributos, para lo cual las cualidades del chico son invaluables: es capaz de hacer complejos cálculos instantáneamente, y de saber en un momento qué cantidad de granos de maíz hay en un montón, o cuánta gente hay en una multitud.

Su segundo mentor es Shimpu Shánkutu, un enano jorobado, medio hermano del Inca, un hombre astuto, sabio e inmisericorde que se convierte en jefe del servicio secreto, y que asesina a otro niño para hacer pasar por él a Yunpacha. En la escuela de Cuzco, el ahora llamado Oscollo conoce a los futuros líderes, como Cusi Yupanqui, cuya historia también se nos detalla. Vienen luego las misiones de espionaje en las guerras apara apagar rebeliones, y después en la guerra entre incas hermanos y rivales.
En el “presente” (1532-33) vamos observando la tensa evolución de la intriga, el declive de Atahualpa, la codicia insana y sanguinaria de los españoles, y el asalto final. De cada personaje importante tendremos un esbozo biográfico y psicológico, con lo que las distintas cuerdas van conformando un gigantesco quipu, una enciclopedia de la decadencia y caída del imperio Inca, en una novela impresionante destinada a ser un clásico.

