WILLOW TREES DON’T WEEP. Fadia Faqir. Heron Books. London, 2014. 290 pp.
Esta es la primera novela que he leído de un autor, en este caso autora, de Jordania, un extraño remanso (relativamente) en ese archipiélago de violencia que es el Medio Oriente. Como nos muestra esta novela, eso no quiere decir que el país sea inmune a las tensiones, al fanatismo religioso, la exclusión, la represión y el resentimiento. La obra está narrada en primera persona, pero dirigida al padre de la protagonista. Es un caso extremo de búsqueda del padre ausente.
Najwa tiene 27 años en 2010 y su madre ha muerto. Siendo hija única, se queda sola con su abuela, pues el padre las abandonó hace muchos años. La abuela ha insistido en un funeral musulmán, a pesar de la prohibición expresa de Raneen, la madre, que odia la religión, pues ha sido la causa del abandono. De hecho, Raneen ha muerto por un cáncer muy agresivo, y la novela nos deja entrever la influencia de esa amargura, decepción y tristeza causadas por el inexplicable alejamiento de un hombre que, sin haber sido particularmente religioso, de pronto deja todo por la yihad. Quizá ese sea el punto débil de la trama, lo repentina, radical e irreversible de la decisión de Omar. La única explicación plausible es un enamoramiento homosexual hacia su único amigo, Hani, tras cuya cruel represión es que Omar decide marcharse.

El caso es que ahora, Najwa debe irse en busca de su padre, como le advierte la abuela: una mujer no puede vivir sola, sin un hombre en la casa, a menos que ya sea vieja. De por sí tienen mala fama por la irreligiosidad de Raneen y el abandono del padre; si se queda sola, nadie querrá casarse con ella. Esta es de esas cosas que a los occidentales nos cuesta trabajo comprender. Najwa no ha visto a su padre desde los tres años, no tiene un vínculo afectivo con él, y nadie sabe dónde ha estado. ¿Cómo encontrarlo? Tras la huida de Omar, Raneen se quitó el velo, prohibió mencionar a su marido y quemó los libros religiosos, además de criar a Najwa sin religión.

La novela intercala episodios del diario de Omar, a partir de 1986. Casado y con una hija pequeña, trabaja como enfermero y sólo convive con Hani quien, una noche, tiene sexo con una turista europea. Este hecho le provoca culpa y remordimiento, por lo que se une a un grupo político-religioso que busca el restablecimiento y dominio universal del califato. Meses después, Hani desaparece, hasta que se presenta en casa de Omar, golpeado y traumatizado. Ambos se van a la yihad.
Forzada a buscarlo, Najwa comienza un periplo de horror. Comienza con el imam local, que tan sólo sugiere Afganistán (invadido por la URSS en 1979) como una posibilidad. Luego localiza a los padres de Hani. Éstos le confirman que, en Afganistán, Omar estaba junto a su hijo cuando éste murió (“fue martirizado”) en 2004. El relato prosigue alternando el viaje de Najwa con el diario de Omar. Ambas narraciones son descensos al infierno del fanatismo y la violencia, pero mientras Omar viaja como participante voluntario (aunque siempre con dudas), Najwa es un testigo renuente, azorado y asustado.

En Peshawar, la chica contacta a Abu Bakr, un tipo extraño que entrenó con su padre en “La Cueva del León”, un campamento para terroristas, en 1987. El diario nos muestra esa experiencia. Tras la retirada de la URSS, en 1988, Omar y Hani se quedan en Afganistán, en medio del caos brutal de las luchas intestinas de los muyahidines. Omar se rehúsa a ser combatiente y se habilita como médico; su principal tarea es amputar miembros.
A través de Afganistán en un taxi, entre bombardeos norteamericanos, Najwa logra llegar a “Xanadú”, un campamento cerrado, con mujeres en burkas y hombres armados. Se entera de que su padre es sumamente respetado, casi un santo, pero no está ahí. Se ha incorporado a la yihad global. Najwa es acogida con todos los honores, y ahí aprende un poco más sobre la historia de ese desconocido que es su padre.
Todavía, Najwa tendrá que ir a Londres, donde es forzada a colaborar con la yihad, e irá a parar a Durham, donde finalmente se encuentra con Omar y se entera de la verdadera historia. Una novela que, sin serlo, se lee como un thriller, pero con un trasfondo muy doloroso, inescrutable. Otro testimonio literario de cómo el fanatismo destruye a los humanos y no deja sino miseria, violencia y sufrimiento.

