ENCYCLOPÉDIE. Philipp Blom. Anagrama. Barcelona, 2008 (2004). Traducción de Javier Calzada. 460 pp.
Los verdaderos héroes no son los que conquistan (y masacran) pueblos, o los que vencen en torneos, sino las personas que hacen el bien afrontando grandes riesgos. Una de las formas de hacer el bien es hacer avanzar el conocimiento , difundirlo y promover, de manera pacífica, la libertad, la igualdad y la fraternidad. Esta es la historia de un grupo de personas que llevaron a cabo, a lo largo de veintiséis años, una empresa intelectual de la mayor importancia: la Enciclopedia, o Diccionario Razonado de Ciencias, Artes y Oficios. Arrostraron la hostilidad del Estado, las iglesias y la aristocracia, sufriendo encarcelamientos, calumnias, persecuciones, y sacrificando su bienestar personal, fortuna, tiempo y salud. Fueron más de cien, pero entre ellos hubo un grupo nuclear que dirigió la operación, y en particular un hombre que fue el genio tutelar y motor de la empresa: Denis Diderot.

La Enciclopedia no fue la primera, ni la más grande, popular o autorizada, pero sí la más influyente. Es el acontecimiento más significativo de la Ilustración, la derrota de la Corona, la Iglesia (católica y jansenista) y el establishment político. Fue el triunfo del pensamiento secular y racional. Blom comienza describiendo el contexto, la Francia del apático y conservador Luis XV, una época de prosperidad burguesa, rechazo al rey, hambrunas, disturbios y represión sanguinaria. En este ambiente, la Enciclopedia fue un logro pasmoso, con sus 28 volúmenes y 72,998 artículos. En 1739, cuando comienza la historia de la Enciclopedia, París era una ciudad vibrante y centro cultural, pero también desordenada y sucia, incluso para los estándares de la época, peligrosa y llena de subversivos, en la que proliferaban prensas clandestinas de todo tipo. Pululaban “bohemios”, jóvenes provincianos y marginales que intentaban hacerse un nombre en la metrópolis.

Uno de ellos era Diderot, nacido en 1713 en la Champaña y llegado a París en 1728 para ser jesuita, luego jansenista y finalmente demócrata subversivo. La biografía de este hombre, y en menor medida las de sus principales compañeros, es el hilo conductor de la historia. Hacia 1742 hizo amistad con el excéntrico Rousseau (nacido en 1712), quien poco a poco fue descendiendo en la paranoia y la ingratitud. El otro protagonista del a primera época es D’Alembert, cuya vida como expósito encumbrado a genio de las matemáticas es una de las más asombrosas de la historia intelectual.
“La verdadera historia de la Enciclopedia comenzó con una pelea a puñetazos”. En efecto, en 1746 el editor y librero Le Breton se deshizo de los timadores que había contratado para traducir la Cyclopaedia del inglés E. Chambers. Los reemplazaron Diderot y D’Alembert. Blom explica con fascinante detalle el trabajo innovador (orden alfabético, p. ej.) y conceptual de organización, planeación, archivo, referencias cruzadas, correspondencia y negociaciones (en una época sin computadoras, todo a mano).

En 1749, Diderot fue encarcelado por sus escritos, pero al salir tuvo la suerte de encontrarse con un censor oficial, liberal, que se hizo de la vista gorda, a pesar de la prohibición del proyecto. En 1751 salió el primer volumen, que contenía el crucial e indispensable Discurso Preliminar, de D’Alembert. De inmediato, los jesuitas se convirtieron en los mayor enemigos del proyecto, que entretanto fue reclutando colaboradores de la mayor relevancia, como F. Melchior Grimm, el abate Mallet, el Barón D’Holbach y el más importante del tramo final, el admirable y verdaderamente heroico Louis de Jaucourt, injustamente desconocido. Los esbozos biográficos de estos y otros hombres, así como el de una mujer ejemplar, Madame D’Épinay, nos dan la dimensión humana y emocional de la empresa intelectual. Otra mujer importante, pues con su gran poder protegió el proyecto, fue Madame de Pompadour, la favorita liberal del rey reaccionario. A los pocos años del primer volumen, todo estuvo a puto de fracasar por el “Affaire Des Prades” (una disertación doctoral), pero lo salvó el censor ilustrado, Malesherbes.

La clave de la Enciclopedia estaba en ser mucho más que una recopilación de datos, pues se trataba de toda una toma de posición intelectual, y en haber hecho menos a soberanos, guerreros y políticos, en favor de intelectuales, filósofos, científicos y artistas, y en haber hecho a un lado a la teología y la historia sacra, en favor de todos los oficios conocidos, incluyendo a los más humildes. Este hecho es absolutamente innovador, el que importen más los alfareros y tejedores que los papas y santos. Se entiende el furor del establishment.
Con los años, salvo Diderot y Jaucourt, el elenco fue cambiando. Como es normal hubo amistades firmes, pero también distanciamientos y rupturas. Diderot pagó un precio muy alto: sacrificó su carrera literaria. Aún hoy, a pesar de haber escrito obras propias de primer nivel, su fama descansa principalmente en la Enciclopedia. Hacia la publicación de los últimos volúmenes, estaba exhausto, harto y desilusionado, con una úlcera gástrica que lo mataría en 1784.

En una narración que se lee como una novela de intrigas, peripecias, amistades y romances, Blom presenta a todo color la historia de este proyecto monumental y las trayectorias vitales de sus muchos protagonistas. La Enciclopedia nos dejó un mundo captado y preservado, justo en vísperas de la Revolución Francesa (en la cual participó sólo uno de los colaboradores); un mundo también arrasado por la Revolución Industrial.
Los capítulos finales relatan la posteridad de la Enciclopedia y el final de las vidas de los colaboradores más importantes. Esta es una historia absolutamente necesaria hoy, cuando vivimos tiempos irracionales.


5 respuestas
Estupenda reseña! Sin los enciclopedistas la civilización occidental sería diferente a la que conocemos. Posiblemente mucho menos desarrollada
Tu reseña se lee como una novela. Estupenda.
Gracias Memo porla reseña de esta obra esforzada de Phillipe Blom acerca de la.trascendencia.de la.Enciclopeia.
En esta reseña nos compartes tu entusiasmo por la lectura de esta obra de Blom, gracias!
Me encantó tu reseña, Guillermo!!