Amor y Necesidad: On Tangled Paths, de Theodor Fontane.

El Tiergarten de Berlín en el siglo XIX. Wikimedia Commons.
Poco conocida en español, esta novela de uno de los mejores prosistas alemanes muestra todo el poder del realismo, en una historia sobria y melancólica.

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ON TANGLED PATHS. Theodor Fontane. Penguin. London, 2013 (1888). 189 pp.

Con frecuencia, “realismo” se entiende como una misión que consiste en enfatizar los aspectos más tristes, incluso trágicos, de la vida. Cuando el énfasis se dirige con mayor insistencia hacia lo sórdido, se le suele llamar “naturalismo”. En el caso de esta novela, lo que más llama la atención es la resignación absoluta ante las convenciones sociales: los protagonistas no muestran el menor signo de rebeldía; se someten a su destino sin chistar, sin aspavientos ni convulsiones. Así es la vida, y quizás así esté bien. Y, sin embargo, en el fondo se trata de una tragedia: el dinero y la posición social impiden que se realice un amor sincero, natural e intenso, que no enfrenta otro obstáculo. Esto no significa, de ninguna manera, que los personajes sean pusilánimes. Lejos de ello, tanto Lena como Botho tienen la voluntad de estar juntos; lo que no tienen es la posibilidad real, que implicaría la deshonra y la pobreza, enemigos de la felicidad. El personaje de Lena, en cualquier caso, es el fuerte, el más atractivo: ella es quien sacrifica más, pero lo hace con una actitud más positiva.

Otra virtud de la novela, además de ese realismo desprovisto de melodrama, es el retrato agudo de la sociedad alemana de su tiempo, que realiza con amplitud a pesar de su brevedad, y la descripción minuciosa de Berlín y sus alrededores. La ciudad y sus suburbios son, de hecho, un protagonista más.

Theodor Fontane (1819-1898). www.babelio.com

La acción se desarrolla entre 1875 y 1880, en el naciente imperio alemán, establecido en 1871 tras la guerra franco-prusiana. Lena es una joven costurera huérfana, adoptada por la ya anciana Sra. Nimptsch. Viven en una cabaña anexa a la casa-jardín de los Dörr, un matrimonio que cultiva y vende flores y hortalizas. Caseros e inquilinas son muy cercanos, casi familia. En un accidentado paseo en barca, Lena conoce a Botho, un guapo militar de la nobleza junker de Prusia. Acostumbrado, como todos los oficiales prusianos, a divertirse con chicas pobres mientras se casan con una rica heredera, a Botho le impacta la naturalidad con que Lena lo acepta como amante: no es, ni ligera de cascos, ni hipócrita. Lena sabe perfectamente que nunca se casará con Botho, y que un día él la dejará para ocupar su sitio en la sociedad. Aunque se enamora profundamente, ni siquiera intenta convencer a Botho: piensa disfrutar el amor mientras dure. Por su parte, Botho es completamente feliz, no sólo con Lena, sino con su entorno. Ama estar en la cabaña de la Sra. Nimptsch, a la que mima, y pasear con Lena y la expansiva y exuberante Sra. Dörr. Es ahí, mucho más que en el casino, donde se siente a gusto. El problema es que su familia, aunque noble, está en severos aprietos económicos, como se lo recuerda su tío, el barón Osten, quien llega a Berlín para presionar a Botho: debe dar, ya, el sí a su matrimonio con Käthe, la joven heredera (y prima) que lo salvará de la ruina. El barón Osten es el prototipo del Junker: ultraconservador, arrogante y militarista. Cuando a sus gestiones se suma una carta de la madre, exponiendo la gravedad de la situación, Botho sabe que está condenado. Una última excursión al lago Zeuthner se convierte en la luna de miel de la pareja, sólo que marcando el final, y no el comienzo, de su vida en común.

El lago Zeuthner. Wikimedia Commons.

Botho y Käthe se casan y se establecen cerca de la propiedad del los Dörr: un encuentro en la calle provoca el único momento de quiebre emocional de Lena, quien sin embargo se recupera y pone remedio mudándose a otra parte de la ciudad.

Dos años y medio después, Botho sigue con Käthe, una belleza frívola, coqueta y tonta, pero cariñosa. Lena ha conocido a su nuevo vecino, el señor Franke, un evangélico de clase media. La vida seguirá.

El final es simplemente magistral, e involucra un viaje sentimental de Botho al cementerio, que se convierte en toda una expedición al fondo de su alma y de la tragedia humana, un pasaje de una triste belleza que redondea una joya de novela, y que se engarza con una de las frases finales más ácidas de toda la literatura. Con razón Fontane es considerado el mayor novelista alemán del siglo XIX.

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