Perú en Llamas: Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo

AYACUCHO, 12 DE ABRIL DEL 2009 SEMANA SANTA EN AYACUCHO. PROCESION DEL ANDA MAS PESADA DEL PAIS, QUE REQUIERE ALREDEDOR DE 300 VOLUNTARIOS PARA SER TRASLADADA. FOTO: ERNESTO ARIAS / EL COMERCIO
A pesar de interludios de progreso y relativa paz, Perú ha sido durante muchas décadas una nación convulsa. Esta novela explora uno de sus momentos más crueles, por medio de las andanzas de un personaje entrañable.

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ABRIL ROJO. Santiago Roncagliolo. Alfaguara. México, 2008 (2006). 328 pp.

Aunque sigue las convenciones usuales de la novela negra, este libro tiene un atractivo adicional, el de desarrollarse en el Perú del año 2000, durante la tercera campaña electoral de Alberto Fujimori a la presidencia. Entre 1990 y 2000, el gobierno de Fujimori, después encarcelado por corrupción, llevó a cabo una brutal y efectiva campaña que, eventualmente, acabó con Sendero Luminoso, el aun más brutal grupo guerrillero maoísta que sumió a Perú en el dolor y el luto. Este escenario le permite al autor ir más allá de lo policíaco y del bajo mundo urbano, para abordar el contexto socioeconómico y rural de la violencia político-criminal. En concreto, la novela transcurre entre marzo y abril de 2000, en el marco de la Cuaresma y la Semana Santa, cuyos festejos en Ayacucho (centro-sur de Perú) ataren a turistas de todo el mundo por su esplendor y extravagancia.

Santiago Roncagliolo. www,mascultura.mx

El protagonista es el fiscal distrital adjunto Félix Chacaltana (siempre se le nombra con todo y título), un solterón tímido y solitario, en sus cincuenta, que habla con su madre, muerta cuando él era muy niño, a la que todas las noches le reza y le prepara la ropa del día siguiente. Félix es un ingenuo creyente en la ley, que a nadie más parece importar. Nunca le confían casos de importancia, hasta que cae en sus manos el asunto de un cadáver carbonizado, oculto en un montón de paja. Investigando, Félix da con la pista de un tal Justino Mayta, campesino hermano de un senderista desaparecido. Temiendo un rebrote de la actividad guerrillera (oficialmente extinta en ese momento), Félix avanza en su investigación, durante la cual se topa con la oposición del jefe de policía de Ayacucho y del general Carrión, jefe militar de la plaza, que desean silenciar el asunto.

Sendero Luminoso. www.zendalibros.com

Para alejarlo del caso, Félix es enviado como fiscal electoral (un gran honor para el pobre abogado, ansioso del reconocimiento de sus superiores) a una lejana aldea en la sierra. Lo que ahí encuentra es un monstruoso operativo de fraude electoral, que lo desilusiona, y un pueblo sitiado y aterrorizado por, efectivamente, un resurgimiento de la violencia guerrillera, que lo confirma en sus sospechas. Hasta allá lo sigue Mayta, quien fracasa en su intento de matarlo, pero que le revela más claves del asunto. Tras la jornada electoral, Félix regresa a Ayacucho, donde se han seguido sucediendo asesinatos demenciales, todos con el mismo patrón. Félix entrevista a un preso, exlíder guerrillero, busca en archivos policiales, ata cabos y solicita un operativo especial de Semana Santa, pues presiente que los asesinos la aprovecharán para cometer más crímenes. Nadie le hace caso.

Indagando sobre el único horno de cremación de Ayacucho, descubre que está en el sótano de la casa parroquial, y se confía al párroco Quiroz, viejo conocedor de la guerrilla. Al mismo tiempo, comienza una relación ambigua con Edith, una mesera pobre y rústica, de la que se enamora y a la que toma como confidente.

Pueblo andino cerca de Ayacucho. www.youtube.com. Javier Gamboa.

Conforme siguen los horrendos asesinatos, que incluyen mutilaciones y crucifixiones, Félix se va metiendo en el infierno de la corrupción y las sangrientas secuelas de la guerra civil, hasta el clímax de la trama, lleno de sorpresas, desilusiones, peligros y derrotas.

Lo que más resalta de la novela es el profundo análisis de la violencia de esos años, sus causas sociales y la degradación de la vida comunitaria, presa del miedo y la desconfianza. El retrato del régimen de Fujimori es crudo y deprimente. Otro gran valor son los personajes: Félix, héroe desconocido, íntegro, astuto e ingenuo a la vez; Edith, producto trágico y entrañable de la guerrilla; Carrión, prototipo del militar enloquecido por la guerra; Quiroz, el cura atrapado por el pasado y la venganza.

La novela funciona muy bien, por estos rasgos y por la agilidad, color, humor y cercanía de la narración.

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